Para mis hijos, advertiros sobre el peligro del llamado “liberalismo católico”(III)

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Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?” El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son llamados, mas pocos los escogidos».Mateo 22, 1-14.

Queridos hijos, sigo advirtiéndoos del liberalismo católico y sus peligros.

Escribía Newman: “ ¿qué diríamos del hombre que dentro de una casa iluminada y caliente lleva abrigo, el paraguas abierto y porta una vela encendida?” “Qué diríamos del hombre que dentro de la Iglesia, se comporta como si estuviera fuera de Ella”.

Son ciegos guías de otros ciegos.

Así se conducen los liberales católicos, ellos están dentro de la Iglesia pero se conducen con su propia luz, ellos no admiten el calor de la Iglesia de Cristo. Ellos viven dentro de la Iglesia, pero siguen llevando los ropajes como si estuvieran fuera. Se conducen en algunos aspectos como paganos. Por eso no dejan que Cristo reine en el mundo. Están en el desierto. Admiten que Dios creó el mundo, pero le entregan el poder al príncipe de este mundo y entronizan al hombre y le niegan a Cristo su derecho a reinar en él.

En ellos subyace el error del pelagianismo y del semipelagianismo.

Seguimos desmenuzando de la mano de Fernando Romero los errores en los que  cae el liberalismo católico:

 

b) Justificación del capitalismo liberal como un régimen económico compatible con la Doctrina Social de la Iglesia , siempre que se entienda al liberalismo como despojado de la ética individualista y/o utilitarista, y suponiendo la difusión de una cultura basada en el “personalismo”.

 
En rigor de verdad, todos los Papas que se ocuparon de la “cuestión social”
han reprobado, con diversidad de matices, el liberalismo económico.Algunos (León XIII, Pío XI y Juan Pablo II) explicaron que no se condenaba al capitalismo como sistema sino a la ideología liberal que podía ir unida al mismo. Pero ninguno sostuvo que el “capitalismo liberal” podía ser aceptable si se lo enmarcaba en un conjunto de valores respetuosos dela dignidad humana, pues tal cosa era y es contradictoria en sí misma.
No alcanza con difundir una “cultura de la solidaridad y de la ética social empresaria” ni garantizar un orden jurídico -político que respete las instituciones del libre mercado (propiedad privada, contratos,estabilidad de la moneda, etc) o los derechos de terceros.
 
Es necesaria,además de eso, una justa regulación del orden económico por parte de las entidades intermedias y del Estado (que tenga en cuenta la justicia social y el bien común), regulación que la doctrina de la Iglesia dentro del respeto al principio de subsidiariedad – siempre ha reclamado.
Como hay además una condena al “capitalismo real”, cuyo impacto global el Papa Pío XI no dudó en calificar como Imperialismo Internacional del Dinero
, expresión que también fue utilizada por elMagisterio posterior al Concilio Vaticano II.
Hay que reconocer que los liberales “clásicos” también han criticado este
capitalismo de riqueza concentrada y monopolizada, como fruto según su interpretación
 – 
del intervencionismo de los gobiernos o de monopolios u oligopolios artificiales (más propio de una suerte de “mercantilismo global”o de un “socialismo de mercado”, que de una “sociedad libre”). No entramos a dirimir esta última cuestión histórica, pero la señalamos para evitar interpretaciones unidireccionales.
 c) Presentación de la democracia como el mejor régimen político y
como una “fe secular”  , siempre que se trate de una democracia no
relativista y fundada en normas absolutas “predemocráticas”, cuyo
origen se encuentra en la Ley Natural.
Si bien es cierto que a partir de León XIII y de modo más claro con Pío
XII, hubo una “mayor apertura” de la Iglesia hacia el régimen republicano,
las exigencias para que el mismo sea conforme con la Ley divino-positiva y con la Ley Natural nada tienen que ver con reducir el bien común al orden natural, convertir la democracia en una “fe secular”  presentarla como el mejor régimen político. Precisamente algunas de esas tesis fueron las que San Pío X condenó en el Movimiento Le Sillon.
(…)
 d) Rechazo de la herencia política originada en la Revolución Francesa de 1789 (democracia totalitaria y laicismo beligerante) en contraposición al modelo laico, pluralista y respetuoso de la religión, encarnado en la Revolución Norteamericana de 1776 (y que algunos relacionan con la Revolución Inglesa de 1688)
.
Es una vieja tesis conservadora (Edmund Burke)7, retomada por el nuevo liberalismo católico
y por los llamados “neoconservadores”.Volvemos a recordar las reservas de León XIII respecto del “modelo norteamericano” y consideramos que esa visión idílica acerca de los Padres Fundadores (no respecto de sus ideas, sino de los hechos concretos) no resiste el análisis histórico, si tenemos en cuenta la persecución a laIglesia católica que hubo en algunos Estados de la Unión, la tolerancia con la esclavitud, el imperialismo colonialista expuesto en el “Destino Manifiesto” (en particular respecto de Hispanoamérica), la difusión de sectas protestantes en América central y América del Sur financiadas por el gobierno de los EE.UU, la enorme influencia en esa Nación de la Masonería y de entidades hostiles al Catolicismo, etc…
Algunos de los defensores de esta distinción, como Mons. Fazio, reconocen varios de los problemas señalados, pero los vinculan con influencias del liberalismo ilustrado de origen francés o con una de las expresiones del nacionalismo y del imperialismo “modernos” (aunque podrían citarse textos de Locke o de Tocqueville sobre el catolicismo para refutar o almenos matizar estos juicios).En todo caso y sea lo que fuere acerca del origen ideológico de estos problemas,no nos parece que sea doctrinal e históricamente verdadero el planteo de una Revolución moderna “buena” (la de los EE.UU en1776) frente a otra “mala” (la Francesa de 1789).
 El tema, (…)no puede servir para justificar como “positiva” en sede filosófica y/o teológica, una Revolución “fundadora” de la laicidad “aconfesional”, de la democracia “iusnaturalista” y del capitalismo“liberal”.
 
¡ que arda tu corazón!

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