Para mis hijos, advertiros sobre el peligro del llamado “liberalismo católico”(II)

shishkin-winter

 

Hijos, podríamos decir que uno de los mayores problemas que vivimos en las últimas décadas en filosofía o teología es suplantar el centro, que es Cristo, por otro centro, el ser humano.

Como dice Alonso Gracián si el centro, que es el Verbo Encarnado, es suplantado por el hombre, se produce una impostura radical, que afecta a todo:

ya no se entiende

ni el universo ni la historia, ni la cultura, ni el arte, ni la ciencia misma,

y como consecuencia el ser humano pasa de tener la misión de custodiar la creación y la historia, ~~a ser su verdugo.

El liberalismo llamémosle católico tiene mucho errores y uno de ellos se deriva  de eliminar a Dios del centro y sustituirlo por el hombre.

Un antropocentrismo invadió la mentalidad de los hombres de Iglesia hace varias décadas y hemos visto las consecuencias tremendas de tan nefastas filosofías y teologías. ¿No vemos acaso unos hombres de Iglesia mediocres que relativizan la Verdad, que dispersan la identidad cristiana, que se dejan tentar en su falta de amor a Cristo y a su Iglesia por ser agradables al mundo ?

Uno de los temas fundamentales y que no debemos perder de vista es que la Iglesia tiene una doctrina muy clara de condena del liberalismo y sus nefastas consecuencias para la fe .  Teniendo en cuenta esa palabra que tanto gusta ahora de la hermenéutica de la continuidad entendemos que también servirá para el legado valiosísimo que dejó León XIII sobre dichas enseñanzas y su aplicación en nuestro tiempo.

 

Les dejo con Fernando Romero Moreno y su discusión sobre los errores del liberalismo católico.

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El error del “liberalismo católico”, es de antigua data. Con diversidad de matices y tendencias, puede rastrearse su origen en el pensamiento de Lamennais y probablemente su representante mayor en el siglo XX haya sido Jacques Maritain. La oposición entre las tesis de este liberalismo con la Fe católica fue expuesta por la mayoría de los Papas, sobre todo a partir de Gregorio XVI. Como saben los entendidos, en su naturaleza más íntima el liberalismo católico es, por un lado, un naturalismo o semi-naturalismo político que promueve un laicismo “moderado”, según aquel apotegma clásico convertido por ellos en “ideal” o “tesis”: La Iglesia libre en el Estado libre. Es decir, la renuncia a la doctrina del Estado católico, convirtiendo en una norma “de máxima” la hipótesis del Estado laico “aconfesional”,respetuoso de la Ley Natural y de la libertad de la Iglesia.Junto con esto, caracteriza al liberalismo católico un intento de superar el individualismo y el utilitarismo de los liberales ilustrados mediante una antropología “personalista”3 que desnaturaliza la naturaleza del bien común.Estos dos aspectos se manifiestan luego en la valoración que hacen del capitalismo, la democracia, la Revolución y la Modernidad. En los últimos treinta años se ha ido desarrollando una variante del“liberalismo católico” que sólo tiene diferencias de grado con el anterior, viene formulado con una terminología nueva – al menos en parte – y pretende apoyarse en los documentos del Concilio Vaticano II yen las enseñanzas de los Papas posteriores al mismo.Además, frente a la “aventura de la teología progresista”,es visto en muchos ambientes como un baluarte de ortodoxia.
 Antes de explayarnos en los errores de esta corriente, queremos reconocer que, en sus representantes, hay un genuino y legítimo deseo de cristianizar el orden temporal; de garantizar la legítima autonomía de las realidades terrenas; de recordar la misión que tienen los laicos de santificarse y santificar la vida personal, familiar y social (la “ consecratio mundi”); de respetar la legítima libertad en cuestiones opinables y prudenciales; de dar fundamento a una sana laicidad; y, en definitiva, de
“oxigenar” los ambientes cristianos de actitudes y mentalidades clericales o integristas, proclives al celo amargo, a un desordenado “ agere contra” y a una
intransigencia cerril no con el error, sino también con las personas que yerran.
 
Por otro lado, sus representantes han hecho aportes valiosos en distintos campos del saber, como la teología, la filosofía, el derecho, la historia, la economía, etc.
 
No obstante y más allá del natural aprecio que sentimos por algunos de ellos (a quienes conocemos personalmente), no podemos dejar de advertir sobre los errores de sus posturas.
Algunos de los referentes más importantes de este liberalismo católico son, según nos parece, Pedro Lombardía, Michael Novak, Andrés Ollero Tassara, Martín Rhonheimer, Roberto Bosca, Alfonso Santiago,Rafael Termes, Gabriel Zanotti, Alejandro Chafuén, George Weigel,Mons. Mariano Fazio y Juan Manuel Burgos.
Vamos a sintetizar las principales características o notas del Nuevo Liberalismo Católico (de ahora en más, NLC). Previamente queremos advertir que no todos los referentes del mismo adhieren a latotalidad de las ideas que señalaremos o no lo hacen siempre del mismo modo.
 Así, por ej: Gabriel Zanotti no defiende la “tesis” de la laicidad aconfesional sino la de una “confesionalidad substancial” y Mons.Mariano Fazio es crítico del liberalismo económico, pero hacer un análisis exhaustivo del pensamiento de cada uno de ellos excedería el marco de esta nota.Vamos pues a exponer de modo general los rasgos fundamentales del NLC:

a) Defensa como ideal de una “laicidad aconfesional” en una

 comunidad política respetuosa de la Ley Natural , teniendo como superada – por clerical o integrista – la doctrina tradicional acerca de la necesidad del Estado católico.
Esta “laicidad aconfesional” (separación amistosa entre el Estado y la Iglesia) presentada como “tesis” fue oportunamente reprobada por el Papa León XIII (precisamente en relación al caso norteamericano, que el SantoPadre consideró como la mejor solución para esa nación dadas sus circunstancias, pero no como el “ideal supremo”)y el Concilio Vaticano II no cambió nada al respecto, pues sostuvo que la doctrina tradicional sobre las relaciones Iglesia-Estado seguía vigente, idea que nos parece ser la clave hermenéutica para interpretar correctamente la Declaración“Dignitatis Humanae”.
Dice el Concilio:
 puesto que la libertad religiosa que exigen los hombres para el cumplimiento de su obligación de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad civil,
 deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo
Es que la Iglesia siempre ha sostenido, como enseñanza definitiva de su Magisterio Ordinario y Universal, que, supuesta una comunidad mayoritariamente católica, el Estado debe serlo también. Y esto no sólo por razones culturales, sino porque el hombre debe rendir culto a Dios de modo individual como social. No “favoreciendo el hecho religioso en general”
(indiferentismo político) sino con actos de culto público al Dios Uno y Trino de la Revelación cristiana, con la subordinación de su orden político y jurídico a la Ley Natural y a la Ley Divino-positiva, con el reconocimiento expreso de la Realeza social de Nuestro Señor Jesucristo, y con el apoyo a la Iglesia Católica, sin menoscabo de la recíproca libertad del Estado y de la Iglesia en sus campos respectivos (distinción de potestades, sin separación).Eso no supone, pues, defender un Estado fundamentalista, clerical o integrista (confusión entre lo temporal y lo espiritual). Que en el “modelo de Cristiandad medieval” hubiera desviaciones en ese sentido (como de hecho las hubo) no es algo consubstancial a la naturaleza del Estado católico. De modo que identificar la mentada “unión del Trono y del Altar”como una “esencial” confusión entre lo sacro y lo profano es una afirmación falsa. 
 
Si una novedad vino a aportar el Concilio Vaticano II fue la de complementar las enseñanzas clásicas acerca de las relaciones Iglesia-Estado con una mejor comprensión de la autonomía relativa de lo temporal (sana laicidad) y con la doctrina de la libertad “civil” en materia religiosa,pero dejando intactas las obligaciones del hombre y de la sociedad respecto de la verdadera Iglesia de Cristo.
 
Esa misma noción de “libertad religiosa” tiene aún que formularse de modo más claro
 
 – 
una mejora nos parece que ya existe en el Catecismo de la Iglesia Católica
 – 
para mostrar la continuidad, en lo esencial y definitivo, respecto del Magisterio precedente. La hipótesis de un Estado laico“aconfesional” pero respetuoso de la Ley Natural, siempre fue vista por laIglesia como un “mínimo exigible” en naciones pluriconfesionales y con comunidades católicas minoritarias. Pero, repetimos, nunca como el”ideal”. Por otro lado, dicho Estado, históricamente no existió y antropológicamente es de difícil aplicación, si contamos con la existencia del pecado original y con las distintas “interpretaciones” que de hecho hay acerca del iusnaturalismo.
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Las notas del artículo no las reproducimos por problema de espacio, pero pueden leer el artículo completo, que iremos reproduciendo en los próximos días.

9 comentarios

      • Para Y: ¿Podrías decirme que tiene el Cesar como suyo que no se le haya dado?. ¿De quien viene la autoridad del Cesar? “En lo que no es justa la ley , no hay que obedecer al rey” (Calderón de la Barca en la obra La Vida es sueño). Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. ¿O es que acaso el Cesar es un súbdito soberano que no debe rendir cuentas al único rey, Cristo? La autoridad del Cesar viene de Dios. Podrías repasar la escena de Jesús con Poncio Pilato …

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    • QUIZÁS no quieras entender. Lo que va contra la doctrina de la Iglesia es legislar independientemente y sin tener en cuenta al Divino legislador. Es como querer hacer matemáticas sin tener en cuenta las leyes de las matemáticas o querer hacer física inventando tus propias leyes de la física. Si no lo quieres entender eres muy “libre” de hacerlo. Es más puedes decidir cargarte la ley de la gravedad o negar que existe y así no necesitas utilizar las escaleras para bajar de un quinto piso. Eres “libre” de legislar como si Dios no existiera y cargarte toda la ley natural, inventando tus propias leyes, pero eso te llevará a lo que estamos viendo, a someter a referéndum si matamos a un niño o no. No hay término medio o se está con Cristo o contra Cristo, tú eliges el bando

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    • Pues se me ocurre que podría empezar a rezar para que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, eso en primer lugar y luego leerse las encíclicas de León XIII sobre la libertad. Doctrina de la Iglesia, pero sólo si usted quiere claro. No seré yo quien le obligue. ¡Válgame el cielo!

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  1. Ni usted ni el Generalísimo me obligan, gracias a Dios. Que en aquellos tiempos había una libertad (ya ni le digo libertad de cultos) en España que para qué le voy a contar…

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