SOLO DIOS

marienkroenung

 

 

A continuación les transcribo un fragmento de una conferencia de Roberto de Mattei.

Quizás pueda guiar a las almas que lo lean. Vivimos tiempos de incertidumbre y relativismo incluso dentro de la Iglesia. Aquellos que muchas veces denuncian este relativismo lo hacen suyo en su forma de vivir la fe . Acudamos a Nuestra Madre, para que sepa guiarnos con humildad por el camino de la fe y nos lleve al conocimiento de la Verdad:

“Espíritu de resistencia y amor a la Iglesia

El Concilio Vaticano II y lo que ha venido a continuación al interior de la Iglesia han planteado graves problemas de conciencia a muchos fieles. Son los problemas que actualmente plantea también el pontificado de Francisco.

Recuerdo dos claros ejemplos de resistencia a la autoridad eclesiástica que siguieon al Concilio Vaticano II y precedieron al caso Lefebvre. Me refiero a la resistencia del padre Calmel al Novus Ordo de Pablo VI y a la Plinio Correia de Oliveira a la Ostpolitik del Vaticano para con los regímenes comunistas.

En ambos casos, la actitud fue filial, respetuosa, pero firme y sin transigencias, y conserva toda su validez todavía. Ningún sacerdote puede ser obligado a decir la Misa nueva, y ninguna autoridad puede impedir a un sacerdote celebrar la Misa tradicional. Ninguna autoridad puede imponer una política de entendimiento con un régimen como el comunista –ayer ruso, hoy chino– que viola descaradamente la ley natural y persigue con saña a los cristianos. Tanto en un caso como en otro, así como en el de la exhortación postsinodal Amoris laetitia, la corrección fraterna es moralmente lícita y obligada.

En el discurso sobre la sallus animarum, la salud de las almas, como principio del ordenamiento canónico, pronunciado el 6 de abril de 2000, el cardenal Julián Herranz, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, reiteró que ése es el principio supremo que ordena el Derecho Canónico. Hoy en día prevalece un positivismo jurídico que tiende a reducir el derecho a un mero instrumento en manos de quien ejerce el poder, olvidando sus fundamentos metafísicos y morales. Según esta concepción legalista que se ha infiltrado en la Iglesia, todo lo que promulgue la autoridad es justo. En realidad, el ius divinum es el fundamento de toda manifestación del derecho. Dios es el derecho viviente y eterno, principio absoluto de todos los derechos. Por eso, en caso de conflicto entre la ley humana y la divina, «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch. 5,29).

Los tratados espirituales nos enseñan cómo debemos actuar en épocas normales, no en tiempos excepcionales como los que vivimos. Reconocemos la suprema autoridad del Papa y su jurisdicción universal, pero sabemos que en el ejercicio de su potestad puede cometer abusos de autoridad, como desgraciadamente ha sucedido en la historia. Queremos obedecer al Papa. A todos los papas, incluido el actual, pero si en la enseñanza de un pontífice encontramos alguna contradicción, siquiera aparente, nuestra norma de juicio es la ley natural y divina, expresada en la bimilenaria Tradición de la Iglesia. El espíritu de rebeldía caracteriza por desgracia a muchos hombres de la Iglesia rebeldes a su Tradición y sus leyes inmutables. Quieren una Iglesia distinta de la que quiere Nuestro Señor. Por nuestra parte, queremos emplear nuestras almas en un acto de obediencia y amor a la Iglesia y a su Tradición.

La perfecta obediencia cristiana es la que tiene por objeto cumplir la voluntad de Dios, que ve en la persona del superior. Pero en el caso de ejercicio inicuo e injusto del poder, explica un teólogo pasionista, «el rechazo de la orden o la prohibición es la desobediencia obligada; no rebelión contra la persona del superior, sino protesta contra sus ideas, intenciones y órdenes».

Según el padre Zoffoli, los mayores males de la Iglesia no provienen de la malicia del mundo, de las injerencias y persecuciones del poder laico o de otras religiones, sino principalmente de los elementos humanos que componen el Cuerpo Místico: el laicado y el clero. «Es el desacuedo resultante de la insubordinación de los laicos a la labor del clero, y del clero la voluntad de Cristo

Podríamos agregar que dentro de la insubordinación del clero a Cristo, que tantas veces se ha observado en la Historia, hay una que raras veces se ha visto pero es, desde luego, la más grave: la rebelión contra la voluntad de Cristo por parte del Supremo Pastor de la Iglesia, porque nada como ello es más causa de desorientación, corrupción de la fe y apostasía de los fieles.

¿Qué podemos hacer, pues? Buscar la solución en el espíritu de verdadera obediencia. Con frecuencia, quienes dicen que siempre hay que obedecer al Papa son personas anárquicas y desobedientes en su vida espiritual, porque basan su regla de vida en sí mismas en vez de una ley moral objetiva y absoluta.

Es preciso explicar que, por el contrario, que existen la obediencia verdadera y la obediencia falsa. La verdadera es la de quien, obedeciendo, es capaz de elevarse a Dios uniendo su propia voluntad a la de Él.

 

La falsa obediencia es la de quien diviniza al hombre que representa la autoridad y llega a aceptar de él órdenes ilícitas.

Hay que explicar que la obediencia tiene un fundamento, una finalidad, unas condiciones, unos límites. Únicamente Dios no tiene límites: es inmenso, infinito, eterno. Toda criatura es limitada, y el límite define su esencia. No existe por tanto en la Tierra ni autoridad ilimitada ni obediencia sin límites. La autoridad está definida por sus propios límites, e igualmente pasa con la obediencia. Conocer esos límites permite perfeccionarse en el ejercicio de la autoridad y en el de la obediencia. El límite de la autoridad que no se puede traspasar es el respeto a la ley divina. Y este respeto está también el límite máximo de la obediencia. Debemos conocer los límites de la obediencia y respetarlos, sobre todo cuando la propia autoridad no respeta esos límites.

A la autoridad que se pasa de la raya debe oponérsele una firme resistencia, que puede llegar a ser pública. Ahí está el heroísmo de nuestros tiempos, la manera más seria de ser santos hoy en día. Ser santo significa hacer la voluntad de Dios, y hacer la voluntad de Dios significa obedecer siempre su ley, sobre todo cuando es difícil, cuando contraviene las leyes humanas.

A lo largo de la Historia, muchos han hecho gala de un comportamiento heroico resistiendo las leyes injustas de las autoridades políticas. Mayor todavía es el heroísmo de quienes resisten las pretensiones de la autoridad eclesiástica de imponer doctrinas que se apartan de la Tradición de la Iglesia. Una resistencia filial, devota y respetuosa, que no lleva a abandonar la Iglesia sino que multiplica el amor a la Iglesia, a Dios y a sus leyes, porque Dios es el fundamento de toda autoridad y toda obediencia.

En el fondo, todo se resume en dos palabras: SÓLO DIOS.

https://adelantelafe.com/obediencia-y-resistencia-en-la-historia-y-en-la-doctrina-de-la-iglesia/

Un comentario

  1. Hay quienes creen que gozamos criticando a Francisco.

    La verdad es que se siente una pena oscura y helada cuando se ve lo que está haciendo, lo que se está haciendo.

    “Desead la paz a Jerusalén:
    «Vivan seguros los que te aman,
    haya paz dentro de tus muros,
    seguridad en tus palacios.»”

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