Doctrina política de la Iglesia. Por el Padre Iraburu (I)

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Doctrina política de la Iglesia

Los políticos cristianos, si han de servir realmente al bien común de la sociedad, impregnándola cuanto sea posible de Evangelio, necesitan conocer y ser fieles a la doctrina política de la Iglesia (+Luis Mª Sandoval).

Y antes de recordar sus principios fundamentales, es preciso recordar que existe una doctrina política de la Iglesia, y que es de altísima calidad, aunque en los últimos decenios venga siendo silenciada e ignorada. En efecto, si consultamos, por ejemplo, los Documentos políticos de la Doctrina Pontificia publicados por la Biblioteca de Autores Cristianos (1958, nº 174), vemos que en un período de unos cien años, entre 1846 y 1955, es decir, entre Pío IX y Pío XII, esta antología, que incluye un buen número de encíclicas, recoge nada menos que 59 documentos. Por el contrario, en la segunda mitad del siglo XX, aunque hay una gran abundancia de documentos sociales, apenas se han producido documentos políticos. Esto puede apreciarse, por ejemplo, en la antología de documentos ofrecida por la misma Editorial en la amplia obra El Magisterio Pontificio contemporáneo (I-II, 1991). Se han hecho, eso sí, en nuestra época muchas llamadas al compromiso político de los cristianos, especialmente en el concilio Vaticano II. Pero aparte de algún discurso ocasional -en la ONU, por ejemplo, y aún en esos casos-, se ha propuesto muy escasamente la doctrina política cristiana. En términos generales, puede decirse que en la segunda mitad del siglo XX el Magisterio apostólico no ha producido ningún documento importante sobre doctrina política. Algunos temas se tocan, por ejemplo, en la encíclica Centesimus Annus (1991: 44-48). Y de forma ocasional, en la encíclica Evangelium vitæ (1995: p. ej., 20-24, 69-77).

Principios fundamentales de doctrina política cristiana

Recordemos, pues, algunos de los rasgos principales de la doctrina de la Iglesia en materias políticas. Ello nos ayudará a apreciar las posibilidades concretas que los cristianos tienen hoy para introducirse y actuar en el campo de la política.

La autoridad política viene de Dios, sea constituída por herencia dinástica, votación mayoritaria, acuerdo entre clanes o de otros modos lícitos. No hay autoridad que no provenga de Dios, pues cuantas existen por Dios han sido establecidas. Por tanto, deben ser obedecidas «en conciencia» (Rm 13,1-7; 1Pe 2,13-17). El liberalismo y todos sus derivados -socialismo, comunismo, nazismo, etc.- niegan frontalmente esa verdad. La soberanía del poder político se fundamenta sólamente en el hombre, por encima de la soberanía de Dios y, si llega el caso, contra ella. Es, pues, un ateísmo práctico, con el que hoy la mayoría de los políticos cristianos de Occidente están prácticamente de acuerdo, y algunos, al parecer, teóricamente también. Según el liberalismo vigente, «la razón humana, sin tener para nada en cuenta a Dios, es el único árbitro de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal; es ley de sí misma; y bastan sus fuerzas naturales para procurar el bien de los hombres y de los pueblos» (Pío IX, Syllabus 3: 1864; +Cto.-M 132-137). Toda alusión a Dios, por consiguiente, debe ser evitada en la vida política, pues es contraria a la unidad y la paz entre los ciudadanos, y causa previsible de separación y enfrentamientos. El bien común político ha de ser, pues, buscado «como si Dios no existiera». Y la fe personal que puedan tener los políticos cristianos debe quedar silenciada y relegada a su vida privada. Innumerables documentos de la Iglesia, especialmente entre 1850 y 1950, como he dicho, rechazan esa doctrina y anuncian las nefastas consecuencias que con toda seguridad traerá consigo su aplicación práctica. Y también el Vaticano II afirma que es completamente falsa «una autonomía de lo temporal que signifique que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia a Dios» (GS 36d). En efecto, hay que «rechazar la funesta doctrina que pretende construir la sociedad prescindiendo en absoluto de la religión» (LG 36d). En ésas estamos, sin embargo. Sin duda es en esa hipótesis, convertida muchas veces en tesis, como ejercen su actividad de hecho la gran mayoría de los políticos cristianos de Occidente.
¡ que arda tu corazón!

Le agradecemos al Padre Iraburu sus cuadernos sobre Católicos y política

2 comentarios

  1. Gracias por aportarnos estos rasgos principales de la doctrina de la Iglesia en materia política.

    Ello nos ayudará a apreciar las posibilidades para saber como actuar en este campo.

    Buen momento

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  2. Increíble. Menos mal que alguien habla claro en este tema. Muchos políticos dicen ser cristianos. Sin embargo, ¿conocerán realmente lo que opina la Iglesia a cerca de la política?

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