Cardenal Pie y su lucha contra la bestia liberal.

 cardenal pie frase

Hace días ante un discurso liberal y materialista dirigido a varias personas, , todas católicas practicantes, me llamó la atención cómo todos lo aceptaban, pero sobre todo me llamó la atención la expresión y contestación de una persona , ante mi crítica a dicho discurso. Esta persona censurando mi manera de verlo me contestó: “Pero es lo que hay”.

Lo dijo totalmente convencida y vencida. Estaba convencida dicha persona que aceptar el mal, era algo totalmente lícito y no sólo aceptar el mal, sino asumirlo como algo bueno, porque según ella, “es lo que hay”.

Así estamos los católicos.

Viene a cuento de la lucha que mantuvo el cardenal Pie ante el liberalismo que destruye las almas y los corazones.

No podemos forzar a nadie a que vea un peligro para su alma, en el liberalismo, pero al menos, no seremos cómplices de esta dañina ideología que llama al mal , bien.

La lucha contra la Bestia liberal y contra sus efectos dañosos

era librada por el Cardenal Pie de modo total y coherente. A diferencia de muchos de sus hermanos Obispos, él no luchaba solamente contra los efectos nocivos del laicismo anticristiano imperante – cuestiones concretas:el divorcio, la limitación o supresión de la enseñanza privada, etc.; él luchaba ante todo y sobre todo contra la Bestia laicista del Estado liberal ,es decir, contra la causa incesante de la destrucción de Francia, de su ser,de su misión, de su historia, contra la degradación de las leyes, de la cultura, de las instituciones, y consecuentemente, contra la causa principal de la descristianización del pueblo. Otros Obispos, como digo, aceptaban la Bestia secularista y secularizante a veces por una necesidad que consideraban inevitable, pero otras veces incluso por una convicción doctrinal errónea. En este sentido, merecen ser recordadas las últimas palabras de Mons. Pie pronunciadas como testamento en su cátedra episcopal:
«Vosotros todos, mis hermanos, si estáis forzados a ver el triunfo del
mal, no lo aclaméis jamás. No digáis nunca al mal “eres el bien”; a la decadencia, “eres el progreso”; a la noche, “eres la luz”; a la muerte, “eres la vida”. Santificaos en el tiempo en que Dios os ha colocado. Gemid por los males y desórdenes que Dios tolera. Oponedle la energía de vuestras  buenas obras y de vuestros esfuerzos. Mantened toda vuestra vida pura de errores, libre de impulsos malos. De tal manera que después de haber vivido aquí unidos al Espíritu del Señor, seáis admitidos a no ser sino uno con Él por los siglos de los siglos» (II,732). Amén.
¡ que arda tu corazón!

 

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