El liberalismo No es católico.

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Hoy más que nunca, amparados en una libertad, que sólo es libertinaje porque se aleja de Dios, se ataca toda la enseñanza de León XIII , sobre el liberalismo y la doctrina social de la Iglesia. No sólo desde fuera de la Iglesia , los amantes de los ídolos; sino dentro de la misma Iglesia, aquellos llamados a dar luz y a llevar a Dios a todas las realidades temporales. Ni laicos, ni sacerdotes se libran del influjo malicioso del liberalismo, que no tiene otro final que la apostasía. Este mal que aqueja a la Iglesia no es nuevo, los enemigos de la Iglesia levantan la cabeza con ropajes nuevos, pero con doctrinas equívocas siempre viejas, porque el mal muta para equivocar a las almas. La izquierda socialista y la derecha capitalista se han apropiado de la enseñanza social de la Iglesia, cada una para sus propios propósitos, mientras temas fundamentales como los que encontramos en León XIII, como por ejemplo, la relación ontológica e institucionalmente necesaria entre la Iglesia y el Estado, son ignorados o caricaturizados

Como un edificio sagrado se elevan todas las verdades de la fe católica, un edificio, una viña, un tesoro que debemos guardar porque esa es nuestra misión y ay de aquel que predicara un evangelio y ya no digo escribiera un libro propagando verdades que nacen de la soberbia , y ay de aquellos que eliminaran una sola tilde o una sola coma de la Verdad Rebelada. No quisiera estar en su piel el día del Juicio.

Así empieza la memorable encíclica Inmortale Dei que iremos desgranando poco a poco:

“Obra inmortal de Dios misericordioso, la Iglesia, aunque por sí misma y en virtud de su propia naturaleza tiene como fin la salvación y la felicidad eterna de las almas, procura, sin embargo, tantos y tan señalados bienes, aun en la misma esfera de las cosas temporales, que ni en número ni en calidad podría procurarlos mayores si el primero y principal objeto de su institución fuera asegurar la felicidad de la vida presente. Dondequiera que la Iglesia ha penetrado, ha hecho cambiar al punto el estado de las cosas. Ha informado las costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado en la sociedad civil una nueva civilización. Los pueblos que recibieron esta civilización superaron a los demás por su equilibrio, por su equidad y por las glorias de su historia. No obstante, una muy antigua y repetida acusación calumniosa afirma que la Iglesia es enemiga del Estado y que es nula su capacidad para promover el bienestar y la gloria que lícita y naturalmente apetece toda sociedad bien constituida. Desde el principio de la Iglesia los cristianos fueron perseguidos con calumnias muy parecidas. Blanco del odio y de la malevolencia, los cristianos eran considerados como enemigos del Imperio. En aquella época el vulgo solía atribuir al cristianismo la culpa de todas las calamidades que afligían a la república, no echando de ver que era Dios, vengador de los crímenes, quien castigaba(1) justamente a los pecadores.

La atrocidad de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo, la pluma de San Agustín. En varias de sus obras, especialmente en La ciudad de Dios(2), demostró con tanta claridad la eficacia de la filosofía cristiana en sus relaciones con el Estado, que no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad de su tiempo, sino que obtuvo también un triunfo definitivo sobre las acusaciones falsas. No descansó, sin embargo, la fiebre funesta de estas quejas y falsas recriminaciones. Son muchos los que se han empeñado en buscar la norma constitucional de la vida política al margen de las doctrinas aprobadas por la Iglesia católica.(3) Últimamente, el llamado derecho nuevo, presentado como adquisición de los tiempos modernos y producto de una libertad progresiva, ha comenzado a prevalecer por todas partes. Pero, a pesar de los muchos intentos realizados, la realidad es que no se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un sistema superior al que brota espontáneamente de la doctrina del Evangelio.(4)

Nos juzgamos, pues, de suma importancia y muy conforme a nuestro oficio apostólico comparar con la doctrina cristiana las modernas teorías sociales acerca del Estado. Nos confiamos que la verdad disipará con su resplandor todos los motivos de error y de duda. Todos podrán ver con facilidad las normas supremas que, como norma práctica de vida, deben seguir y obedecer.

¡ que arda tu corazón!

http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.HTML

(1) Otro día explicaremos que Dios sí castiga para escándalo de los que deforman la fe y que hoy abundan tanto en la Iglesia.

(2) Hoy parece que muchos neocon consideran superadas las obras de San Agustín, dicen que claro que es un “ideal” porque tenemos una naturaleza herida

(3) El nefasto diálogo con el mundo que ha impregnado la mente católica postconciliar considera que ante esta modernidad, ante este estado moderno e independiente , ya nada puede hacer la doctrina católica anterior, es esa mentalidad modernista que los mismos pastores  han hecho suya.

(4) Muchos consideran esta afirmación trasnochada y clerical. ¡Dios mío cuéntanos entre tus elegidos.!

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