El Concilio Vaticano II y la Revolución del 68.

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A esta altura no se puede ignorar la correlación histórica entre los dos grandes acontecimientos del siglo XX: El concilio Vaticano II y la Revolución del 68.

El 68 fue un movimiento “no espontáneo” que contaba con un proyecto muy concreto de transformación de la sociedad. El socialismo científico de Marx y de Lenin había fracasado  en su sueño prometeico de construir el nuevo edificio de la civilización moderna, pagando un espantoso precio humano: guerras, revoluciones, centenares de millones de víctimas en todo el mundo. Nunca se había hablado tanto de progreso y de liberación del hombre y nunca en la historia había corrido tanta sangre, hasta el punto de ofrecer un verdadero y auténtico holocausto al fetiche de la modernidad. El 68 se presentó como un nuevo “sueño” revolucionario..

La Revolución del 68 produjo , ciertamente,  un fuerte impacto no sólo en la sociedad sino también en la Iglesia , pero la “svolta conciliare” (el cambio conciliar), por su parte , también favoreció la explosión de la revuelta estudiantil.. El eslogan del 68, “Prohibido prohibir”, tenía su origen en la aversión conciliar a toda forma de condena y prohibición doctrinal. “Las exigencias del movimiento de Mayo del 68, escribía el Padre Laurentin, coincidían en gran medida con las grandes ideas del Concilio, en concreto con las de la constitución conciliar sobre la Iglesia y el mundo“. La parroquias y los grupos católicos y protestantes organizaban reuniones y asambleas, como el debate organizado por el CRAC,(Comité Revolucionario de Agitación Cultural), el 8 de junio de 1968, en el anfiteatro Richelieu de Paris, sobre el tema” Del Che Guevara a Jesucristo”. Por lo demás , escribe también Laurentin, “El Vaticano II ya fue en cierta medida , la revuelta de un grupo de Obispos empeñados en ir contra una Curia que intentaba realizar un Concilio institucionalmente prefabricado” .

El 21 de mayo de 1968, en la revista Teimognage Cretien aparece publicada una exhortación a “introducir la Revolución en la Iglesia”. Evocando esta atmósfera, con especial referencia a los dominicos franceses, el cardenal Schönborn, recuerda: “Era como durante la Revolución Francesa; no faltaba más que la guillotina”.

revoluci

 

También en Italia , en los albores del 68, podían verse los fermentos del CVII, las impaciencias sobre su aplicación.

Con la ocupación de la catedral de Parma  y alrededor del Padre Enzo Mazzi, destituido de su cargo de párroco por el cardenal Florit, que se solidarizó con los que ocuparon dicha catedral, nace la primera “comunidad de base” italiana a la que seguirán otras muchas.

El 68 católico se desarrolló en dos direcciones: una línea carismática y una línea política, una destinada a desembocar en el pentecostalismo católico, otra en la teología de la liberación.

El Cardenal Caffarra, observa como el 68 no fue la causa, sino la consecuencia de un proceso histórico que venía de lejos.

La disensión respecto a la Humanae vitae, la controversia sobre el Nuevo Catecismo Holandés y el nacimiento de la “teología de la liberación” de impronta marxista, fueron el resultado, de procesos más que seculares, de dinámicas que ya existían entes del Concilio y a los que la propia teología preconciliar no había puesto suficiente freno, de modo que la misma reacción contra los disidentes por parte de un movimiento ético y teológico conservador inmediatamente después del 68 manifestó una grave “inadecuación

Apuntes recogidos del libro: “Concilio Vaticano II, una historia nunca escrita” de Roberto de Mattei

Nota del blog:

Unos años antes rebosante de “optimismo ingenuo” Juan XXIII abría el concilio con un discurso totalmente ajeno a la realidad presente y a la realidad que pocos años más tarde arrasó con la fe de tantos creyentes .

“El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz. Doctrina, que comprende al hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; y que, a nosotros, peregrinos sobre esta tierra, nos manda dirigirnos hacia la patria celestial”(1)

El Concilio Ecuménico XXI , quiere transmitir pura e íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres.(2)(no deja de ser sorprendente esta afirmación teniendo en cuenta la dirección que tomó el concilio…)

La Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos,(3) (El pelagianismo al más puro estilo conciliar y que colea hasta nuestros días)

(1)(2)(3)https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/speeches/1962/documents/hf_j-xxiii_spe_19621011_opening-council.html

4 comentarios

  1. Con el Concilio Vaticano II se pasa de las condenas a los diálogos, pero sin un porqué ni un para qué. ¿ Desde cuándo son incompatibles condenas y diálogos ? Se condenan y deben condenarse ideas erróneas y conductas nocivas. Se dialoga con las personas, aunque sustenten ideas equivocadas y practiquen conductas nocivas. El no saber o querer distinguir lo uno de lo otro, lleva al desastre que estamos padeciendo. Hacen falta más condenas y más diálogos de verdad. Si no se condena nada, más que a los católicos, como está sucediendo, no hay nada de que hablar.

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  2. “El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”, le había dicho al cardenal.

    En 1966 cuando el Padre General de los Franciscanos visito al Padre Pío para pedirle oraciones y su bendición para la reunión del Capitulo especial para poner a tono con el “Aggiornamiento” del Concilio a la orden franciscana, el Padre Pío con un gesto violento gritó:

    “Eso es nada mas que tonterías destructivas”

    Entonces el padre Pío se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! “¡No debemos desnaturalizarnos nosotros mismos, no debemos desnaturalizarnos nosotros mismos!¡En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echádlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.

    A cuatro obispos sudamericanos que habían ido a San Giovanni Rotondo durante el concilio -los obispos italianos lo tenían prohibido-, el padre Pío les dijo:

    “dejad en paz a la Virgen y poned en práctica los diez mandamientos”.

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