Duele ver el mutismo de los que deberían hablar y callan. Duelen sobre todo los cobardes. Duelen quienes mandan callar a los que defienden la fe.

aberasturi

En este humilde portal quiero hacerme eco de un artículo de Pedro Luis LLera en apoyo al Padre D. José Luis Aberasturi. Ahí va:

¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

La Casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca

Así termina La Casa de Bernarda Alba: “¡Silencio! ¡A callar he dicho! ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!” Lorca denuncia una sociedad cerrada y opresora. Protesta contra la vida en la España rural de la primera mitad del siglo XX: una sociedad represora de la libertad que buscaba guardar las apariencias de moralidad y de decencia a toda costa, aunque ello supusiera encerrar a las hijas en la casa y atarlas con cadenas para evitar el escándalo. Esos pueblos y esas casas eran verdaderos sepulcros blanqueados donde se ocultaba la verdad y se pudrían las almas.

Viene esta introducción a cuento de la última entrada del blog del P. Aberasturi, titulada significativamente “¡Ya me callo!”.

Resulta paradójico y sangrante que en la Iglesia de hoy se aliente a que alcen la voz todos los heterodoxos – por no hablar de herejes o apóstatas – al tiempo que se acalla a los ortodoxos, descalificándolos sin más argumentos que los insultos “ad hominem”: fariseos, gnósticos, pelagianos, rigoristas… Los pelagianos neo-arrianos, quienes desprecian el poder de la gracia para obrar nuestra salvación santificándonos de verdad -no falsamente como propone Lutero- y niegan la divinidad de Cristo, acusan a quienes defendemos la Santa Doctrina de la Iglesia de cismáticos. Es el mundo al revés. Resultaría kafkiano, surrealista y absurdo, de no ser por lo dramático e indignante de la situación.

La atmósfera de la Iglesia empieza a resultar irrespirable: casi tan asfixiante y represora como la casa de Bernarda Alba. O sin “casi”. Parece que estamos abocados a refugiarnos en las catacumbas para sobrevivir, mientras los herejes siguen siendo animados a armar lío. Hace poco presumía José M. Vidal – veneno mortal –  de haber sido recibido por el Santo Padre, junto a José María Castillo (un hereje condenado por la Iglesia). “Leo con mucho gusto sus libros, que hacen mucho bien a la gente”.

¿A qué gente le hace bien leer a un hereje? A este teólogo, que ya no sé si ni siquiera es cristiano, le retiraron la “venia docendi” hace más de veinte años.

“Seguid apostando por la renovación de una Iglesia en salida: estas fueron las palabras que dice el propio José Manuel Vidal (veneno mortal) que le dijo el Papa.

Hace pocos días, un cardenal teutón, de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo que los luteranos no necesitaban creer en el dogma de la Transubstanciación para comulgar, porque – señala el cardenal alemán – tampoco “el católico medio” entiende este concepto. ¿Un “católico medio”, señor cardenal? Un príncipe de la Iglesia desprecia un dogma de la Iglesia: y no pasa nada. Nadie le manda callar.

Otro cardenal, cuyo nombre también voy a obviar porque no quiero ni siquiera nombrarlo, aprueba la bendición de las parejas homosexuales por la Iglesia Católica: “Que existan estas uniones es estupendo. Así es como se articulan en este mundo”. Y añade: “No puedo encontrar nada malo en que las personas se comprometan y se responsabilicen unos de otros”. Y nadie corrige públicamente a este señor. No pasa nada. Nadie le manda callar.

Una monja niega el dogma de la virginidad de María. Un jesuita arremete contra la moral católica, pide que se cambie el catecismo, anima a los sacerdotes gays a salir del armario y sostiene que los católicos LGTB no están obligados a practicar la castidad. Y no pasa nada. Nadie les manda callar.

Otro cardenal de la Iglesia escandaliza a media España (la media España católica o lo que queda de ella) diciendo que la Virgen apoyaría una huelga feminista, convocada por abortistas y comunistas. Y no pasa nada. Ni una palabra de rectificación. Ni una disculpa. No pasa nada. Nadie le manda callar.

Y así podríamos seguir citando escándalo tras escándalo. Cada día uno o más. Y no pasa nada. Sólo se manda callar a personas como el P. Aberasturi, que se ha destacado por defender la sana Doctrina, la Moral, el Magisterio de la Iglesia y la Tradición. Sólo se aparta y se silencia a personalidades como Josef Seifert, por denunciar públicamente el proceso de demolición de la moral de la Iglesia.

Hay que reprimir la libertad de los Hijos de Dios y guardar las apariencia. Que nadie denuncie la situación de confusión y de división dentro de la Iglesia, promovida cada día por los herejes modernistas, por los “nuevos paradigmas”… Los católicos fieles son tachados de cismáticos y los heterodoxos constituyen la nueva ortodoxia de la nueva Iglesia del Nuevo Paradigma. Kafkiano, surrealista y absurdo, de no ser por lo dramático e indignante de la situación.

Post Scriptum

Para responder a todas las heterodoxias mencionadas, recomiendo vivamente consultar el siguient enlace: Catecismo de la Iglesia Católica.

 

8 comentarios

  1. Muy bien, Belén. El clima en la Iglesia es absolutamente irrespirable. Es intolerable la mordaza impuesta a D. Jose Luis.
    Como ya te manifesté ayer, me voy a plantear continuar donde tu sabes. Detesto la papolatria.

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    • Como si el problema fuese Bergoglio.
      Aunque desapareciese mañana el veneno ya hace tiempo que infectó todo.
      El que venga será peor.

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  2. No es cuestión de los años que le quedan de vida sino de cómo quedará la iglesia y de todos esos sacerdotes que nos han hecho creer que no pasaba nada y de todos los que se han dedicado a dirigir almas y del daño que les han hecho y de la papolatria disfrazada de amor al papa y de renunciar a pensar y de no tener la misma fe. Son muchas cosas. Hay que rezar por la iglesia

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  3. Yo dejé de ir al OD porque me hacía sufrir mucho la actitud de “aquí no pasa nada”, “unidos con Francisco a como dé lugar”, “Francisco no ha cambiado la doctrina” etc que han asumido. No podía seguir asistiendo cuando contra toda lógica se vé de lejos que “el rey va desnudo” y lo tratan a uno como si uno fuera tonto o ignorante. ¿Cómo tener dirección espiritual con un sacerdote o numerario al que le tienes que ocultar que estas preocupado por las soberanas herejías en boca de Francisco? Imposible…

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