«El liberalismo es el hijo del calvinismo y ambos son los enemigos perpetuos de la ciudad católica»

calvino

De la mano de A. Caturelli seguimos analizando el liberalismo, su origen y naturaleza.

Hace unos días hablábamos de Ockham:

https://elorienteenllamas.com/2018/04/20/son-las-ideas-de-ockham-la-primera-bomba-atomica-ideas-que-no-han-dividido-el-atomo-fisico-sino-el-mental/

y del protestantismo:

https://elorienteenllamas.com/2018/04/23/con-el-protestantismo-el-mundo-si-se-me-permite-la-expresion-se-mundaniza-del-todo-y-la-religion-se-enclaustra-en-la-subjetividad-de-la-conciencia/

y hoy analizamos a Calvino.

 

“Pero, si como quiere Calvino, se subraya nuestra nadidad e impotencia para cumplir la ley y, desde esta nadidad sólo nos justifica la elección de Cristo (hecha patente en el éxito terreno), la Iglesia pasa a ser «el número de los elegidos»(1).

 

Por un lado este abismo interior del hombre y, por el otro, la trascendencia absoluta de Dios; en el medio, las obras que no sirven para alcanzar la salvación sino como signos de la elección; de donde se sigue, como lo ha puesto de relieve Max Weber, que «el calvinista crea por sí mismo su propia salvación»(2) y transforma el ascetismo sobrenatural católico «en una ascesis puramente “profana”, terrenal». Esto favorece la acumulación de riquezas (capitalismo) y facilita el nacimiento del «hombre económico» del liberalismo capitalista y pone el fundamento del self made man. El trabajo (transformación del mundo) supone, al mismo tiempo que la negación de la ley natural, la autonomía del mundo de las obras; es decir, del mundo del hombre. La sociedad, constituida de soledades juntas, abismos frente a Dios, es suma de soledades y la comunidad política pierde su carácter orgánico.

 

Nuevamente dejo la palabra a Wilhel-msen: «Con la repulsa del valor sacra-mental de la realidad vino la negación de la bondad de la materia, y, de esto, la negación de María, principio de la mediación. El universo llegó a ser nada más que la materia prima del mancheste-rianismo, un universo bueno solamente para explotar y martillear, a fin de lograr lo severamente útil, y nada más. El hombre se abandonó a la búsqueda de los bienes de esta vida. Un materialismo se apoderó del espíritu europeo». Por eso, «el liberalismo es el hijo del calvinismo y ambos son los enemigos perpetuos de la ciudad católica» (op. cit., p. 50).

Jamás anteriormente –salvo en el pelagianismo, pero en un contexto muy diverso– se había abierto, desde dentro del Cristianismo, tan ancho margen a la autosuficiencia del hombre y de su mundo en el cual la sociedad comienza a aparecer como una yuxtaposición de singulares. Esto era imposible de evitar si se afirmaba, al mismo tiempo, la primacía de la voluntad y el nominalismo radical.

En el plano teológico, Lutero, Calvino y los protestantes fueron consecuentes, aunque parezca paradójico (y así es de hecho), porque esta inicial afirmación de la enfermedad constitutiva de la libertad, hizo a esta misma libertad completamente autónoma en su mundo propio en el cual el poder temporal alcanza su total autosuficiencia. Se confirma la primera afirmación acerca del sentido del «liberalismo» como la concepción del mundo que sostiene la autosuficiencia del hombre y, por tanto, la separación de la razón individual del orden revelado.

¡ que arda tu corazón!

(1)Christianae religionis institutio, cap. II; manejo la ed. castellana de J. Teran, Bs. As., La Aurora, 1948, 2 vols.

(2)Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, trad. de L. Legaz y Lacambra, Madrid, Ediciones Península, 19732, p. 145.

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