Origen y naturaleza del liberalismo

altar_de_la_virgen_de_los_reyes-_capilla_real_de_sevillaAltar de la Virgen de los Reyes. Catedral de Sevilla

Hoy comenzaré publicando unas entradas sobre este tema. He cogido los apuntes del Padre Iraburu. En general es un tema que me preocupa. No sólo por ser algo tan en discusión, sino porque muchos católicos consideran que el ser liberal en temas de política, economía y en asuntos temporales es una opción más. Estos mismos católicos son totalmente fieles a la doctrina católica de moral sexual o en la del cumplimiento dominical de asistir a misa, sin embargo cuando se habla del tema social, económico lo consideran totalmente opinable. No se escandalizan cuando oyen hablar a los políticos, ni a periodistas católicos, ni incluso a sacerdotes sobre la “sana laicidad”, término que a fin de cuentas es un volver  la espalda a Dios en los asuntos temporales y en las leyes, como si Dios quedará limitado a la intimidad de la oración, de la misa , pero que no le dejáramos entrar ni en un partido político, ni en una asociación cultural, ni en una ONG. Es simplemente delimitar bien los campos en los que Dios no tiene por qué influir y además es considerar que el hombre actual ha alcanzado tal grado de civilización que ya no necesita recurrir a Dios como los “bárbaros” de la Edad media, que a  esos sí que se les notaba el pecado original…Podríamos preguntarnos ¿Acaso Doña Letizia es más civilizada que la reina Isabel La Católica?

Hoy gracias a Dios , somos tan civilizados que hemos conseguido una ley que consigue matar al niño en el seno de la madre.¿ No es la ley del aborto el mayor logro de esta mentalidad liberal, que con el beneplácito de políticos católicos la han considerado un mal menor para conseguir la tan ansiada libertad en esta democracia en la que Dios está totalmente relegado e ignorado? O cómo decía un sacerdote, democracia en la que la palabra Dios se ha convertido en una palabra tabú. Les dejo con el Padre Iraburu y Alberto Caturelli  y seguiremos hablando de liberalismo:

a) Los antecedentes próximos y remotos

Para comprender lo que es el liberalismo no basta decir que es la «doctrina o práctica de la libertad» porque semejante afirmación no dice nada. Ante todo porque «doctrina» significa enseñanza de lo contemplado («donación de la ciencia iluminada por la sabiduría»), lo cual es radicalmente diverso al significado de «práctica» (que designa el conocimiento ordenado a la acción misma); luego, la «o» introduce el equívoco porque la doctrina no es la práctica. Pero lo más grave es que, siendo la libertad propiedad metafísica de la voluntad, no se ve bien qué significa doctrina o práctica de la libertad.

Es, pues, necesario hacer caso omiso de la tontería de Alberdi cuando dijo que «la única generación espontánea que Dios ha permitido es la libertad», no sólo porque carecía por completo de «densidad» y de «signo cristiano», sino porque carece de significación en el plano metafísico. Será necesario dirigir la atención a la génesis histórica del problema para esclarecer su esencia y sólo entonces podremos pronunciarnos acerca de la legitimidad de los diversos usos del término «liberalismo» en la actualidad.

Por lo general se acepta que «liberalismo» designa cierta autosuficiencia del hombre y de su mundo o, lo que es lo mismo, cierta in-dependencia de la razón individual respecto de la Revelación, y que en el orden político-social se manifiesta en el goce de las «libertades» individuales ga-rantizadas en el «Estado de derecho», él también autosuficiente en su orden.

Aunque, por mi parte, este sentido general es provisorio y está sujeto a revisión y corrección, puede ser suficiente como punto de partida, ya que, considerado históricamente, se diferencia fuertemente de un mundo como el de la Edad Media que era un mundo completamente sacro. Todo lo real, para el hombre cristiano, está embebido, asumido, transfigurado por el Verbo pues «todas las cosas» han sido hechas por Él (Jn. 1,3) y, por eso, ningún orden de la realidad es autosuficiente sino que manifiesta esta radical dependencia; el orden natural, diverso del orden sobrenatural, está unido a él en cuanto sanado y elevado por la Gracia; de ahí que, para el cristiano medieval, antes de la Redención, el «hombre viejo» era el hombre esclavo del pecado y «libre» respecto de la justicia (Rom. 6,20); después de la Redención es libre del pecado (y de la muerte) y siervo de la justicia (Rom. 6,22).

Por donde se ve que la libertad, a sus sentidos psicológico-metafísico y moral agrega un sentido sobrenatural y teológico que ayuda a comprender que el pecado (y el poder pecar) es el defecto de nuestra libertad. Por todo esto, porque todo ha sido creado por y para el Verbo y el hombre ha sido liberado por Él, ningún orden de la realidad puede considerarse autosuficiente.

Esto vale, naturalmente, para el orden temporal y, por eso, una separación entre el orden político-temporal (el Estado) y el orden sobrenatural era inconcebible para el hombre cristiano-medieval. La separación del Estado de la Iglesia, equivalente a la autosuficiencia del orden temporal respecto del orden sobrenatural, era impensable en la medida en la cual su mundo conservase su sacralidad esencial. De ahí que la libertad se presente en cuatro planos: psicológico, metafísico, moral-político y sobrenatural; si dejo de lado los dos primeros (supuestos esenciales), en el orden moral y político la libertad no era jamás meramente individual sino social, comunitaria, en cuanto actuada en la familia y en las sociedades intermedias (comuna, región, provincia; gremio, corporación, etc.); en el orden sobrenatural era actuada en el seno de la comunidad sobrenatural que es el Cuerpo Místico. Ciudadano de dos comunidades (natural una y sobrenatural la otra), ambas unidas, no confundidas, expresaban la totalidad sacra de la vida del hombre y de su mundo.

¡ que arda tu corazón!

Le agradezco al padre Iraburu y a Alberto Caturelli sus apuntes sobre el liberalismo.

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