Todo es gracia. Es Dios quien da el querer y el obrar según su beneplácito(Flp 2,13).

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La doctrina católica de la gracia no está de moda.

No sólo porque no se predica, sino porque no se cree en el poder de la gracia.

Confiamos en nuestras fuerzas y confiamos en lo que vemos, pero qué difícil es creer en la gracia que Dios nos da para realizar actos buenos. Santa Teresita de Liseux murió diciendo “todo es gracia” y de esta manera confesaba su debilidad, su apocamiento y su confianza total y absoluta en Dios.

 

Debo confesar que me he encontrado con personas católicas y sacerdotes que no creen en la doctrina de la gracia, ellos se consideran protagonistas de su destino y dejan a Dios un hueco para que haga lo que ellos quieran. Es muy triste ver reducido el tesoro derramado por Dios en un capricho en manos de los hombres.

A eso hemos reducido el catolicismo , a una doctrina antropocéntrica en la que manejamos a Dios cómo queremos sin ni siquiera imaginar todo lo que Dios tiene preparado para los que le aman.

Escribía Peter M.J. Stravinskas:

“La gracia, parece estar atravesando por muy mal momento en la actualidad. Hay dos tendencias en competición y ambas están equivocadas y dañando la vivencia de la vida cristiana.

La primera sugiere que la gracia no es necesaria porque somos buenos de sobra a la vez que suficientemente fuertes y capaces para para obrar el bien por nuestras propias fuerzas; esto es el resurgir de la herejía pelagiana, del monje Pelagio, del siglo cuarto, contra el que San Agustín luchó tan poderosamente .

La segunda sugiere que los preceptos evangélicos están por encima de nuestras posibilidades como meros mortales y así, la gracia no es suficiente para suplir ese defecto.

En otras palabras, o Dios nos ha puesto una carga insoportable o Él no espera de nosotros, realmente, que vivamos de acuerdo con sus mandamientos. Esta parece ser la táctica del Cardenal Walter Kasper .”

Pero veamos lo que la Iglesia tiene que decirnos sobre la Gracia.

En términos teológicos, la gracia es a la vez poder y relación. Como poder, la gracia nos da la capacidad de obrar e ir más allá de nuestra propias capacidades humanas. La gracia no es simplemente como un producto de mayor octanaje que impulse lo que poseemos a nivel natural; es la infusión del poder del Espíritu Santo, que nos fue dado originalmente en el Bautismo y que se incrementa con cada recepción de los sacramentos adecuadamente. De esta forma, es también una relación, una relación íntima con el Dios Trino y Uno.”

Continuará mañana…

Para leer el artículo completo

http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=31884

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