El católico pelagiano actual, no habla de pecado sino de «errores», «fallos», «enfermedades de la conducta», «actitudes inadaptadas», «trastornos conductuales»(1)

pelagio

 

Uno de los mayores males que afligen a la sociedad actual y quizás acentuado por el CVII, con esa visión optimista y dialogante con el mundo, es el pelagianismo y  semipelagianismo que acompaña a la mente católica . Podríamos decir que hemos sido educados en ambientes pelagianos y semipelagianos y tampoco se nos han dado argumentos , ni se ha predicado lo suficiente de la gracia.

Hoy podríamos decir que el católico no ve en la gracia el don gratuito que Dios nos concede para combatir  el mundo, al contrario confía en las fuerzas que su inteligencia, virtud y conocimiento le ha ido proporcionado con esfuerzo y utiliza las mismas armas que el hombre del mundo. Utiliza los mismos argumentos, las mismas estrategias porque en el fondo no cree en el poder de la gracia, sólo cree en el poder de sus propias fuerzas visibles..

“En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos“, (Discurso de apertura del CVII) con ciertos tintes pelagianos, especialmente lo que está en negrita.

 

Los siguientes son párrafos copiados del blog del padre Iraburu

“AMBIENTE ACTUAL PELAGIANO

La herejía de Pelagio -monje de origen británico (354-427)-, como tentación al menos, es permanente, y en las diversas épocas de la Iglesia se manifiesta con modalidades peculiares. Pensar, o mejor, sentir que el hombre no ha sido gravemente dañado por el pecado original; estimar que su enfermedad espiritual no es tan grave, y que en todo caso no es mortal; considerar que puede el hombre realizarse a sí mismo, sin necesidad de auxilios sobrenaturales, son convencimientos pelagianos, que hoy forman un estado de ánimo difuso, también entre muchos cristianos. Tal actitud, por supuesto, daña la fe, impide la vida espiritual, paraliza el apostolado y, concretamente, hace imposibles las vocaciones sacerdotales y religiosas.

La frecuente vigencia del pelagianismo en nuestra época ha sido señalada últimamente por muchas autoridades en el campo del pensamiento. Suele presentarse en forma de naturalismo ético, humanismo autónomo u otros modos de corte voluntarista. En todo caso, la tendencia pelagiana es un falso optimismo antropológico, que exige no ver la maldad del hombre y del mundo. O al menos, no reconocerla del todo en sus consecuencias espirituales. En ese marco mental se inscribe hoy la disminución o la pérdida del sentido del pecado.

«El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado». Esta afirmación la hizo Pío XII hace medio siglo (Radiomensaje 26-X-1946). Y Juan Pablo II la hizo suya en la exhortación apostólica Reconciliatio et pænitentia (2-XII-1984), en la que señala las causas de ese gravísimo fenómeno. La causa principal está, sin duda, en que, «oscurecido el sentido de Dios, perdido este decisivo punto de referencia interior, se pierde el sentido del pecado». Tan difundido está ese espíritu, que «incluso en el terreno del pensamiento y de la vida eclesial algunas tendencias favorecen inevitablemente la decadencia del sentido del pecado. Algunos, por ejemplo, tienden a sustituir actitudes exageradas del pasado con otras exageraciones: pasan de ver pecado en todo a no verlo en ninguna parte» (18) (+Síntesis 269-270). (Este ejemplo lo vemos particularmente en el tema del pudor , de lecturas y de espectáculos,)

PELAGIANISMO Y HOMBRE CARNAL

Los cristianos pelagianos, más próximos a Rousseau que a Jesús, afirman que el hombre en el fondo es bueno; pero olvidan que también en el fondo es malo. «Vosotros sois malos», dice el Señor (Mt 12,34; Lc 11,13). Ciertamente, el bien es más connatural al hombre que el mal; pero no se debe ignorar que en el hombre adámico hay una inclinación tan persistente al error y al mal, que no puede ser corregida sin la gracia de Cristo (Síntesis 232-234).

Los cristianos pelagianos de hoy prefieren ignorar que el hombre pecador padece espiritualmente una enfermedad mortal, y que morirá, ciertamente, si no hace penitencia (Lc 13,3.5). Ellos piensan más bien: «no estamos tan gravemente enfermos, ni necesitamos medicinas fuertes y severos regímenes de vida; podemos hacer de todo, andar por el mundo como todos, y vivir sin tantos cuidados, como viven todos». Éstos tienden, pues, a trivializar el verdadero mal del hombre, el pecado, y por eso prefieren no hablar de pecado, no mencionar siquiera su nombre, sino emplear otras palabras que son más tranquilizadoras: «errores», «fallos», «enfermedades de la conducta», «actitudes inadaptadas», «trastornos conductuales»… Al parecer, si el pecado del hombre no es más que eso, con un poco más que progrese la medicina y la psicología, la sociología y el urbanismo, la política y la economía, el hombre podrá verse libre de todos sus males… (Síntesis 251).”

¡ que arda tu corazón!

Ideas sacadas del libro Cristo y el mundo del padre Iraburu

 

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