Parolín o el arte de llamar al mal bien.

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Después de leer la entrevista, sólo se ve un denominador común con todo lo que llevamos viendo estos últimos años. Parece que  los únicos resentidos, rígidos y fundamentalistas son los católicos que quieren vivir y confesar su fe. En este nuevo paradigma que intentan imponernos , solo estorba la auténtica Iglesia, sólo estorban y molestan los mártires. ellos son los que dividen…

¿Será que este cardenal y otros cómo él, no son capaces de creer que aún hay católicos dispuestos a morir por Cristo?

Le dejo con la entrada del padre Aberasturi.

 

Se acaba de publicar una extensa -y, a su modo, también intensa- entrevista al cardenal Parolin centrada casi exclusivamente en el tema -candente y materialmente sangrante- de la Iglesia Católica en China y los “nuevos” intentos de la diplomacia vaticana de acercamiento a esas autoridades y a la “iglesia” llamada “patriótica”, patrocinada, cocinada, financiada y dirigida “modus totalitarius” -marca de la casa- por el Régimen comunista chino.

Tales intentos, que han llevado al cardenal emérito Zen -de probado pedigrí y de larga fidelidad a Roma y a sus ovejas chinas, todo ello sellado con su sangre y sus sufrimientos-, a personarse en Roma para entregar ¡en mano! una carta al papa Francisco en la que denuncia los, para el cardenal emérito chino, incomprensibles “manejos” de la diplomacia vaticana con las autoridades chinas; en contra, según su más que fundado parecer -y el de otros obispos católicos locales-, de la propia Iglesia en China. Tales “manejos” -por decirlo suavemente- le parecen tan inconcebibles que no ha dudado en declarar que “no cree que se estén haciendo en nombre y con conocimiento del Santo Padre”. De ahí el llevarle personalmente la misiva para entregársela en mano; no fuese que, por los conductos reglamentarios, no le llegase. Tal cual. Experiencia no les falta.

Tal comportamiento del cardenal Zen -con sus pertinentes declaraciones y aclaraciones públicas-, ha hecho que salieran al paso, inmediatamente -había que echar agua al fuego sin perder un segundo- al portavoz de la Santa Sede a declarar públicamente -para eso es portavoz- que el Papa está perfectamente al tanto de todo lo referente a China, y a los contactos diplomáticos con ese país.

Como en Roma ha parecido que no era suficiente con la declaración del Portavoz -el bombazo había estallado, porque lo que era “secreto” se había sabido finalmente-, ha sido necesario que el mismísimo cardenal Secretario de Estado, nominado Parolin, saliera a la palestra. Lo que hizo repitiendo, en un primer momento, casi las mismas palabras de Greg, para luego, no satisfecho con eso, y para rematar la faena, publicar la declaración-entrevista a la que hago alusión al principio del escrito.

Porque el escándalo -para quien tenga aún esa capacidad, dada la situación de caos en la Iglesia Católica- estaba más que servido. Que se pida -se exija- a obispos católicos, de la Iglesia Católica, perseguidos y maltratados una y otra vez por el Régimen comunista en vigor y rigor, para que “cesen” en sus diócesis como legítimos pastores para dar paso a otros “obispos” de la “iglesia patriótica”, que no tiene nada de católica más que unos formas externas -gato por liebre, se dice en castellano-, alguno de ellos directamente excomulgado por Roma, no tiene nombre ni apellidos.

Bueno, ya sÍ: se llama “parolinear”. Y me explico, acudiendo a sus mismas palabras en las que lo mismo dice una cosa y su contraria para “aclarar” primero y “justificar” después, lo que no tiene ni explicación ni justificación mínimamenteválidas. Y escojo simplemente una cita del cardenal Parolin, para no extenderme, pero que es suficientemente significativa:

“El principal objetivo de la Santa Sede en el diálogo [con las autoridades gubernativas chinas] es precisamente salvaguardar la comunión en la Iglesia, siguiendo el curso de la genuina tradición y de la constante disciplina eclesiástica. Vea usted, en China no existen dos Iglesias, sino dos cumunidades de fieles que están llamadas a cumplir un camino progresivo de reconciliación hacia la unidad”. ¡Toma nisperos, Carmela!

Las palabras no dejan de ser bonitas, cursis incluso, como lo es la mayor parte del lenguaje eclesiastico de los últimos años, agudizado en los últimos cinco. Pero son descarnadas a más no poder: se entrevé que en el Vaticano están por resucitar la “real politik” que durante años imperó allí. [Hasta san Juan Pablo II, exclusive, natural y sobrenaturalmente hablando]

¿Qué resultados trajo esa “política” y esa “diplomacia” vaticanas?

En primer lugar, se abandonó a su suerte a millones de católicos europeos bajo la ferrea bota marxista, que no “peca” precisamente de “misericordia”: que se sepa, y se sabe.

En segundo lugar, se apalancó a ese régimen -marxista-comunista, hijo necesario del “socialismo real”- ante el mundo. Y las élites católicas -intelectualmente hablando-, salvo contadísimos casos, desaparecieron -y siguen desaparecidas, fagocitadas por la “ilustración marxista”-, hasta el punto de “deslumbrar” primero e invadir después los hábitats teológicos y morales de la misma Iglesia Católica.

Y ahí están como demostración las diversas “teologías de la liberación”, condenadas más tarde por Roma; y vueltas a reverdecer ahora, porque en el fondo no acabaron de morir gracias a la ayuda de “religiosos” y de “jerarcas” más que “motivados” por sus postulados. Y ahí están también como botón de muestra las “comunidades de base” que, por ejemplo en Brasil, han arrasado con lo católico y los católicos: hace treinta años se declaraban católicos el 96% de los brasileños, y hoy se declaran tales menos ya del 50%. Y se sigue jaleando a esas mismas “comunidades”, desde el Vaticano, para mayor gloria de… quien sea. Del Señor y de su Iglesia, no: para nada.

Y, en tercer lugar, con la firma del acuerdo de Metz -donde se dio realmente el “pistoletazo de salida” a la “real politik” vaticana-, entre Roma -con Juan XXIII al frente- y el gobierno comunista ruso -todo en secreto y con el máximo sigilo, por supuesto: pero las cosas siempre se acaban sabiendo-, se comprometió Roma a silenciar en el Concilio Vaticano II, en puertas ya, cualquier referencia -no digamos lo que pudiera significar la más mínima condena- al régimen marxista ruso. Y así se hizo, pues así se había firmado: en el CV II ni una sola vez se hace alusión al marxismo; todo se queda en una aguada referencia a regímenes totalitarios -sin nombres ni apeliidos-; por contra, se habla por extenso -para mal, claro-, del capitalismo y del colonialismo, de los que había que desembarazarse ¡ya! Personificaban todos los males habidos y por haber en el mundo mundial.

Cómo estaría el tema que, Juan XXIII, en el discurso inaugural tuvo que hacer necesariamente referencia a sus hermanos -cardenales, obispos y demás: “queridísimos para Nos”-, que no habían podido asistir al Concilio porque no les habían dejado salir los regímenes comunistas de la Europa del Este y de Rusia: ni nombra a ningún país, ni nombra a ningún gobierno, ni a ningún régimen en concreto. Vamos: ‘que no vinieron, y yo no sé por qué; ellos sabrán. Pero que no han venido, ¡fijo! ¡Palabrita del Niño Jesús!’

¿Es esto lo que se está cociendo -o se ha cocido ya- entre Roma y Pekín? ¿Se reedita la firma de Metz? ¿De verdad de la buena, alguien se cree que va a servir para que el régimen marxista cambie un ápice su historial y trayectoria? ¿No hay memoria suficiente en Roma, y que vaya más allá de cinco años atrás, para saber lo que es la vida, y lo que da de sí la “real politik”?

Tal “diplomacia” y tal “política” se la cargó de un plumazo “el Papa que vino del Este”, san Juan Pablo II. Y derribó el muro, y tumbó al marxismo-comunismo europeo. ¿No se ha aprendido nada? ¿Tan pronto se ha olvidado cómo se hacen las cosas? Humanamente no se entiende nada, la verdad.

¿Cómo se puede poner en el mismo cesto -o medir con el mismo rasero- a unos fieles que han dado su vida y sus haciendas por no renegar de su Fe Católica -como han hecho el 100% de católicos en Irak y Siria, mártires miles de ellos-, con los jerarcas y los miembros -que no “fieles”- de la “iglesia patriótica”? ¿Siempre es la Iglesia Católica -Jerarquía y fieles- la que tiene que ceder ante todo lo que viene del mundo y de sus máximas? San Juan Pablo II demostró que no; y eso ya siendo sacerdote y luego obispo y cardenal en un país comunista a tope. No digamos siendo Papa: ¡se los llevó por delante “como paja que arrebata el viento”!

Da toda la impresión de que se va a dejar a su suerte -“que sea lo que Dios quiera”, dirán los bien intencionados, que los hay a mansalva- a la Iglesia Católica en China.

Y, ¿por qué? Ésto sólo lo sabremos depués de bastantes años de que haya pasado este Papa.

 

7 comentarios

  1. Muy bien Aberasturi, pero discrepo en que solamente dentro de muchos años se sabrá porque el Vaticano abandona a los católicos chinos. Yo lo sé. Me extraña que Aberasturi no lo sepa.

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  2. Tremenda la situación para los católicos chinos !!! La Iglesia no puede abandonarlos de esa manera !!!!! A que está jugando el Vaticano ?!! A quien sirve Parolin ???? Como se puede pactar a espaldas de lis sufridos católicos chinos con Zen a la cabeza ??? Esto es construir Iglesia….donde esta la Doctrina bimilenaria de la Iglesia..y su firme e inquebrantable Orden Moral ???

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  3. La réplica del cardenal Zen a Parolín y a Greg Burke rezuma verdad y espiritualidad por todos los costados. Es una réplica desde el sufrimiento y el martirio de los católicos chinos.No quieren entrar en una jaula, sea grande o pequeña, pero jaula. Las jaulas ya no son ni para los pájaros.

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  4. Lo de la ambigüedad es un arma disfrazada. Realmente es engaño. Puro y duro. Zen y otros mártires les dicen a Parolin y Parolon lo que les dirá el Señor en el juicio. Es lo que hay. Muy bien, Belén. Estupendo, como siempre, Aberasturi.

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