El pelagianismo y el semipelagianismo como una de las causas del rechazo de la Cruz y del martirio

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El pelagianismo y el semipelagianismo

Éste es otro gran condicionante del rechazo actual del martirio. Los cristianos verdaderos, como humildes discípulos de Jesús, saben que todo el bien es causado por la gracia de Dios, y que el hombre colabora en la producción de ese bien dejándose mover libremente por la moción de la gracia. Por eso, al combatir el mal y promover el bien bajo la acción de la gracia, se dejan mover por ésta, sin temor a verse marginados, encarcelados o muertos. Llegada la persecución, que en uno u otro modo es continua en el mundo, ni se les pasa por la mente pensar que su disminución social o la pérdida de sus vidas va a frenar la causa del Reino en este mundo. Están, pues, prontos para el martirio.

Esta mentalidad aparece clarísima en todos los Padres, por ejemplo, en San León Magno: «Las persecuciones no van en detrimento, sino en provecho de la Iglesia, y el campo del Señor se viste siempre con una cosecha más rica al nacer multiplicados los granos que caen uno a uno» (Sermón 82, natal. Pedro y Pablo 6).

Muy de otro modo ve las cosas en los últimos siglos aquel cristianismo antropocéntrico que va generalizando entre los fieles el voluntarismo pelagiano o semipelagiano. En esta manera de pensar, los cristianos entienden que la obra buena procede en parte de Dios y en parte del hombre, como si se tratara de dos fuerzas que se coordinan para producir el bien.

Lógicamente, en esta visión voluntarista, los cristianos, tratando de proteger la parte humana, no quieren en modo alguno sufrir disminución, marginación social o detrimento alguno, y menos aún ser encarcelados o muertos; más aún, ni siquiera estiman posible que Dios pueda querer salvar al mundo permitiendo tales sufrimientos en sus fieles.

Rehuyen, en consecuencia, el martirio en cualquiera de las formas en que se presente. Y lo hacen con buena conciencia, tratando por todos los medios de mantenerse en buena salud y bien situados y considerados en el mundo, para mejor servir así a Cristo entre los hombres -y, de paso, evitar la Cruz-.

En el libro que antes he citado describo este lamentable proceso:

La Iglesia voluntarista, puesta en el mundo en el trance del Bautista, «se dice a sí misma: “no le diré la verdad al rey, pues si lo hago, me cortará la cabeza, y no podré seguir evangelizando”. Por el contrario, sabiendo que la salvación del mundo la obra Dios, la Iglesia [verdadera de Cristo] dice y hace la verdad, sin miedo a verse pobre y marginada. Y entonces es cuando, sufriendo persecución, evangeliza al mundo».

«El cristianismo semipelagiano [y más aún el pelagiano] entiende que la introducción del Reino en el mundo se hace en parte por la fuerza de Dios y en parte por la fuerza del hombre. Y así estima que los cristianos, lógicamente, habrán de evitar por todos los medios aquellas actitudes ante el mundo que pudieran debilitar o suprimir su parte humana -marginación o desprestigio social, cárcel o muerte-.

«Y por este camino tan razonable se va llegando poco a poco, casi insensiblemente, a silencios y complicidades con el mundo cada vez mayores, de tal modo que cesa por completo la evangelización de las personas y de los pueblos, de las instituciones y de la cultura. ¡Y así actúan quienes decían estar empeñados en impregnar de Evangelio todas las realidades temporales!.

«No será raro así que al abuelo, piadoso semipelagiano conservador, le haya salido un hijo pelagiano progresista; y es incluso probable que el nieto baje otro peldaño, llegando a la apostasía» (De Cristo o del mundo, 137).

Está claro: los mártires pueden florecer en tierra católica, pero no en campo pelagiano o semipelagiano.

Fragmento sacado del libro del P. Iraburu “Reforma o apostasía”

¡ que arda tu corazón!

2 comentarios

  1. Me uno en el agradecimiento a Carlos.
    Con sólo el primer párrafo he hecho un rato de oración.
    Que claridad de ideas. Gracias Belén, eres su instrumento.

    Me gusta

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