El comunismo es el error más homicida de toda la historia de la humanidad.

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Hace días oíamos unas noticias sobre las negociaciones del Vaticano con la Iglesia oficial china y lo que podríamos llamar la traición a los fieles de la Iglesia clandestina. Asistimos a un escenario desgarrador .

En el último sínodo sobre la familia, una mujer, la Doctora Anca habló con valentía y decisión denunciando la cobardía de muchos hombres de Iglesia ante el comunismo y sobre la utilización indebida, por parte de la Iglesia, de un lenguaje propio de la ideología marxista, que favorece una gran ambigüedad en el anuncio del Evangelio,

Ante la pregunta a la dra Anca : ¿a qué cree que se deba esta utilización indebida del lenguaje marxista por parte de la Iglesia?

Contesta la Dra Anca:

Creo que se debe en primer lugar al hecho de que el Concilio Vaticano II NO ha formulado explícitamente una condena del comunismo. El comunismo es un error de naturaleza religiosa. A lo largo de los dos mil años de su historia, la Iglesia había siempre cumplido su misión de velar por las almas y de advertir al rebaño contra los lobos, es decir contra los errores.

El comunismo es el error más homicida de toda la historia de la humanidad. Y sin embargo, a partir de los años 60, cuando ya decenas de millones habían sido asesinados en nombre del comunismo y otras decenas de millones ya habían sido infectados en sus almas y sus mentes con el virus del marxismo cultural, el problema del comunismo dejó de ser una prioridad, como si se hubiera borrado del campo visual de la Iglesia, que dejó de predicar sistemáticamente contra él, como lo hacía antes. Y muchos católicos llegaron a pensar que las condenas anteriores del comunismo ya no eran válidas.

El lenguaje de las encíclicas después del Vaticano II es diferente del de los Papas anteriores en lo que se refiere al comunismo. Los documentos oficiales de la Iglesia ya no expresan el mismo anticomunismo intransigente, sino una posición de neutralidad entre los “dos bloques”, comunista y “capitalista”. En la Doctrina Social Católica después del Vaticano II, el rechazo del marxismo se fue haciendo menos radical, al mismo tiempo que la hostilidad a la libertad económica aumentó. El lenguaje de las encíclicas también sufrió una transformación desde el lenguaje cristiano normal al lenguaje mediático ideológicamente contaminado.

Las defensas antimarxistas que los católicos tenían antes, bajaron. Al mismo tiempo, la Iglesia fue el objeto de una infiltración ideológica planeada por sus enemigos. Ya Antonio Gramsci, uno de los principales autores del marxismo cultural, en los años 20-30 del siglo XX había recomendado a sus compañeros comunistas que conquistaran la Iglesia Católica, justamente porque ella era en aquel entonces el mayor enemigo del comunismo. También se conocen los esfuerzos de la KGB para infiltrar y debilitar la Iglesia Católica. Un ejemplo muy expresivo de tal operación KGB es la “teología de la liberación”. Pero no es el único.

Una característica del marxismo cultural, especialmente del gramscismo, es el politizarlo todo, pero pretendiendo que no se trata de política sino de “ética” simplemente. Así es que muchas personas de buena fe llegan a apoyar ciertas causas, sin darse cuenta de que en realidad lo que hacen es política, y de que las causas que apoyan sirven a los intereses comunistas: por ejemplo, el pacifismo, el desarme, la liberación de Palestina, el ambientalismo, el aumento del papel de la ONU, etc.

El hecho de que, durante décadas, la lucha contra el marxismo clásico haya dejado de ser tratada como una prioridad para la Doctrina Social Católica, ha debilitado la capacidad de los fieles, especialmente de los políticos católicos, de reconocer y combatir el marxismo cultural.

Los sermones que escuchamos habitualmente suelen indicar como causa de la decadencia moral actual el “individualismo”, y no advierten contra la ideología del marxismo cultural, es decir contra un  error de la naturaleza gnóstica, derivado de la enseñanza satánica del marxismo clásico.

El lenguaje claro es una condición importante para la victoria en las batallas espirituales y culturales: “Sea, pues, vuestra palabra: Sí, sí; no, no; pues lo que se añade de más, procede del maligno.”

El vocabulario cristiano tiene todo lo que le hace falta para describir la realidad. SIMPLEMENTE DEBEMOS HABLAR CRISTIANO. No tenemos porqué utilizar herramientas de lenguaje de las ideologías que estamos enfrentando; porque así les permitimos ocupar una posición de superioridad moral y nosotros nos quedamos en una posición defensiva, como si tuviéramos que pedir excusas porque existimos como cristianos. Incluso términos como “paz”, “justicia”, “libertad”, familiares al lenguaje cristiano, están siendo utilizados ideológicamente, su significado original está siendo distorsionado o invertido.

El deber de los pastores es hacer una distinción clara. Deben predicar el Reino de Dios y Su justicia, no la “justicia” socialista, entendida como control gubernamental sobre la economía, o redistribución del ingreso. Deben predicar la paz así como nos la ofrece Cristo, no como la definen las Naciones Unidas.

El uso de un lenguaje confuso, políticamente correcto, ideológicamente contaminado, por líderes de la Iglesia, en lugar de la Palabra de Dios, lleva a muchas sociedades católicas a la confusión moral y política, y a derrotas en la guerra cultural. Los fieles se vuelven incapaces de identificar el origen de los ataques contra la vida y la familia y de defenderlas con éxito.

Utilizado por los pastores de la Iglesia este lenguaje es una señal para los laicos que se dedican a la política de que “hay que girar a la izquierda”. Esto hace que ciertas opciones se vuelvan prácticamente imposibles para los políticos católicos, como el apoyo al libre mercado, la oposición al Estado-niñera o a la inmigración musulmana, el escepticismo con respecto al “cambio climático” y al papel de la ONU. Porque si toman tales posiciones, van a tener que decir cosas diferentes o contrarias a las que el mundo oye de parte de la Iglesia. Y así quedan desacreditados como políticos católicos, o bien quedan obligados a apoyar las causas de izquierda. Esta es una de las razones por las que en tantos países con mayoría católica las elecciones las ganan los marxistas culturales y los católicos no pueden ni siquiera tener representación política en tanto tales.

¡ que arda tu corazón!

Fragmento de una entrevista a la Dra. Anca por parte del padre Javier Olivera

 

2 comentarios

  1. La culpa, como siempre, del nefando CVII. ? Por qué será?
    Y de Juan XXIII, por convocarlo.
    Y todavía hay personas que me dicen que no se puede ser bueno y tonto a la vez. Y me duele decir esto de un Santo.

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