Peor que la herejía clara es la confusión.

diccionarion

Desde luego me estoy refiriendo a la AL y lo digo abiertamente porque muchos sacerdotes para tranquilizarme me decían que no era herética, sino que era CONFUSA.

A ellos les dedico esta entrada.

Podríamos enumerar sin parar las causas de esta crisis eclesial que padecemos. Muchas de ellas recogidas en este humilde portal, cuyo único objetivo es ser luz, en la medida en que Dios me dé la gracia, para alumbrar a aquellas almas que lo lean. Podríamos empezar a profundizar y a buscar la raíz o las raíces de todos los males que padecemos.

Podríamos hablar del ecumenismo de rebajas, podríamos seguir con la falta de fe, la falta de formación, de oración, seguiríamos con la falta de disciplina y vigilancia por parte de obispos y sacerdotes que prefieren mirar para otro lado, podríamos seguir y seguir, y aderezarlo todo con nuestros pecados personales, de soberbia, de egoísmo …y al final de todo este montón de pecados, de falsas doctrinas, de horribles carencias nos encontramos con la Iglesia del siglo XXI, con la barca de Pedro haciendo aguas y a punto de zozobrar en palabras de Benedicto XVI.

Es difícil encontrar una causa común, es evidente que son múltiples. Pero sí que es verdad que en la punta de este iceberg está la exhortación AL. Unos para defenderla dicen que no es herética, sino que es CONFUSA.

En esta entrada me gustaría demostrar con unos simples razonamientos porque es mucho peor la confusión, que la herejía al descubierto y quiero demostrarlo con unas reflexiones valiosas del Padre Iraburu sobre lo dañino de un lenguaje confuso y oscuro:

Al principio era el Verbo. El valor de la palabra es máximo en el Cristianismo (cf. Jn 1,1). En la palabra, hablada o escrita, está la verdad o la mentira, está por tanto la salvación o la perdición de los hombres.(…) Según eso, un pensamiento confuso, oscuro, incierto, débil da lugar necesariamente a una palabra confusa, oscura, insegura, débil. En tanto que un pensamiento luminoso y cierto se expresa con claridad y fuerza. . .

Degradación del pensamiento y del lenguaje. La calidad del pensamiento y del lenguaje es una misma. Por eso cuando el pensamiento de la fe se deteriora en la Esposa de Cristo(…) el lenguaje católico va perdiendo fuerza y claridad, y hasta en ciertos documentos eclesiásticos se hace débil, aburrido, tan matizado y contrabalanceado que acaba por no decir nada. Le falta el «veritatis splendor» que le es propio, como palabra de Cristo pronunciada por su Iglesia.

«La Iglesia de Dios vivo es la columna y el fundamento de la verdad» (1Tim 3,15). La Esposa de Cristo, Verbo encarnado, es aquella que predica «la palabra de Dios, viva, eficaz y tajante, más que una espada de doble filo, que penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, hasta las articulaciones y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb 4,12). La reforma hoy más urgente de la Iglesia es la recuperación del pensamiento y del lenguaje que son propios del Catolicismo. Reforma o apostasía.

Filosofía y letras. (…) Sin una buena herramienta mental y verbal, el teólogo entra en el campo maravilloso de la Revelación divina y de la Tradición católica como un cerdo en un jardín de flores, pisoteando y destrozando todo. Sin una buena filosofía y un buen lenguaje es imposible una teología verdadera. La sagrada teología, ratio fide illustrata, y más aún el Magisterio apostólico, se han caracterizado siempre en la Iglesia católica no solo por la luminosa certeza de la fe que profesan, sino también por la claridad y precisión sincera de su palabra.

Hoy por el contrario… Los ejemplos que siguen están todos tomados de textos actuales publicados:

 

Ambigüedades. Cuando un cierto grupo eclesiástico de trabajo afirma en una Asamblea su «total adhesión» a la Humanæ vitæ, pero una vez hecha la afirmación, solicita que «se flexibilice» su doctrina, ¿qué calidad mental tiene este pensamiento y esta palabra? Un lenguaje como ése, deliberadamente ambiguo, es una vergüenza, es indigno de la Iglesia católica. Ésas son frases que dicen, pero sin decir, aunque diciendo. Qué miseria.

Ya vimos  cómo el Card. Martini, reclamaba «una Iglesia abierta» frente a una Iglesia cerrada, obstinada en su enseñanzas y en sus normas (Conversaciones nocturnas en Jerusalén, ed. San Pablo, pg. 7, 168). Él estima que la Humanæ vitæ es «culpable» del alejamiento de muchas personas (141-142), y como el Papa no va a retirar la encíclica, le convendrá escribir cuanto antes «una nueva e ir en ella más lejos» (146). ¿Sería mucho pedir al Sr. Cardenal que nos dijera «a dónde» exactamente ha de ir más lejos? ¿Y qué significa una Iglesia «más abierta»?… ¿Más abierta «a qué»?… Hace unos pocos años, otro Cardenal se jactaba de que había firmado con otros tres obispos «una de las más abiertas orientaciones publicada, no sin provocar revuelo, por un episcopado sobre las relaciones con el judaísmo». Que el Señor le bendiga. Pero podríamos preguntarle honradamente y sin acritud: ¿esas «orientaciones» en la relación con el judaísmo eran más abiertas o más cerradas, p. ej., que las que siguieron Cristo, Esteban, Pedro, Juan o Pablo, Hermann Cohen, los hermanos Ratisbona, etc.?

Oscuridades. Cuando un profesor de teología dice que es conveniente «relativizar» la doctrina católica de la transmisión del pecado original por generación, ¿qué es lo que realmente quiere decir? ¿Pretende que se relativice una doctrina que es de fe, declarada en forma dogmática tantas veces? ¿O es que prefiere no formular con claridad su propio pensamiento? Nadar, y guardar la ropa. Tirar la piedra y esconder la mano.

Cuando un liturgista, estudiando la Eucaristía, reconoce «un cierto carácter expiatorio en la muerte de Cristo», pero al mismo tiempo pretende con empeño evitar «una interpretación victimista» ¿está empleando un lenguaje digno de la teología católica o más bien un lenguaje-basura? Este autor se muestra mental y verbalmente impotente para afirmar o para negar, sencillamente, que Cristo es la víctima pascual, ofrecida en sacrificio de expiación para la salvación de los pecadores. Su palabra no transmite, pues, ni de lejos, la clara certeza de la doctrina de la Iglesia. Por tanto, la niega.

¡ que arda tu corazón!

Fragmentos sacados del libro del Padre Iraburu Reformas en la Iglesia, Reforma o Apostasía

4 comentarios

  1. El sacerdote Iraburu, sabe muchísimo de lo que habla, sin lugar a dudas, pero discrepo en tu planteamiento, Belén, de que la confusión es más peligrosa que la herejia. La confusión, por confusa precisamente, puede hacer que pronto el lector de la palabra confusa se olvide de lo que ha leido. En cambio, la herejia, por estar claramente enunciada o sugerida, entra en el cerebro del que la escucha.
    Y lo que no es de recibo es edulcorar la píldora llamando a la herejía confusión propia del modo de hablar porteño.

    Me gusta

  2. Me olvidaba. Rehuyamos de las disquisiciones de los que hablan de que la herejia debe ser formal, material, etc.
    Una herejía se puede enunciar de muchas maneras. Y se puede publicar en una exhortación apostólica y el periódico Marca.
    Basta ya de justificar lo injustificable.

    Me gusta

  3. La herejía se ha ocultado muchas veces tras un lenguaje confuso. Sobre el arrianismo, el cardenal Newman decía que sus afirmaciones a primera vista “sonaban” católicas pero luego se revelaban hereticas. Era una estrategia a ver si colaban. Por tanto, el uso de la ambivalencia heterodoxa se remonta al siglo V.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s