Bloy es una gárgola de catedral que vomita el agua del cielo sobre buenos y malos. Juan Manuel de Prada

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Léon Bloy no fue precisamente un católico alegre y optimista. Su padre fue masón volteriano y su madre católica devota. La lectura de su obra a nadie dejará indiferente.

Vivió una vida difícil teñida de épocas de gran pobreza.

Un 2 de abril escribía en su diario :

La más discreta mención de la oración por los difuntos , sin ninguna tentativa de apostolado , basta para despertar la más viva indignación en estos protestantes luteranos. Acabamos de hacer, una vez más, la experiencia. Esta práctica es, a juicio suyo, una insostenible blasfemia. En efecto, como todos los luteranos , sin excepción, están seguros que, al abandonar este mundo, entran sin más en el Paraíso, ¡ estiman insolencia creer que puedan tener necesidad de socorro para entrar en él! He notado a menudo la ferocidad latente en la presunta dulzura de estos herejes.

 

Nota del blog: Quizás si Léon Bloy se paseara en nuestros días por los funerales de nuestros familiares, podría comprobar  hasta qué punto las malas doctrinas de estos herejes, han influido en nuestra forma de mirar la muerte.

 

 

¡ que arda tu corazón!

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