¿Cuándo los hombres de Iglesia asumieron los ideales de la Revolución francesa?

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Hace bastante tiempo leí una entrevista a un sacerdote y una de sus contestaciones fue:”Sin embargo, los hombres y las mujeres de hoy no renunciamos a los ideales grandes, queremos gritar con fuerza lo mismo que hace tantos años “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!”. No queremos ceder al cinismo o al conformismo.”, debo decir que me dejó perpleja. Ante todo porque hablar de  unos valores que la Revolución francesa esgrimió para arrasar con todo vestigio de catolicidad y justificar un derramamiento de sangre atroz, no dejaba de sorprenderme. Después de leer esa frase debo decir que la he oído más veces y también en sacerdotes, homilías y en laicos con formación (se supone). Y me pregunto cuándo los hombres de Iglesia asumieron los ideales de la Revolución francesa y cuándo los hicieron suyos. Cuándo los hombres de Iglesia arrasaron con la fe de nuestros padres y los sustituyeron por ideales mundanos

¿Son quizás esos ideales los que quieren utilizarse para sumergir a la Iglesia en la modernidad, en esa apertura al mundo en la que lo importante es que todos nos “queramos” mucho?. Porque últimamente es lo único que oigo, esa comprensión mal entendida que se transforma en tolerarlo todo hasta el pecado. “Comprender “y querer a los adúlteros, a los homosexuales y tolerarles su forma de vida. En abrir las puertas de nuestras casas a los musulmanes, para que acaben con nuestra cultura cristiana, pero en nombre de la fraternidad y la acogida, en dialogar con demagogos, con feministas, el diálogo como trampa de persuasión civilizada.

Nuestros enemigos revolucionarios nos han introducido el diálogo de tal manera que nuestra falta de fe y de criterio católico, nuestra pérdida de identidad católica ha olvidado a DIOS, lo ha recluido a los oratorios. Las palabras “talismán” de los enemigos del catolicismo se han apoderado del lenguaje de Dios y esas palabras han anidado en nuestras mentes.

Ahora en la Iglesia se habla de “ecumenismo”, de “pacifismo”, de “diversidad”, de “multiculturalismo”, de “libertad” de “fraternidad”, pero despojadas de su sentido católico y sumergidas y almibaradas con el sentido del hombre por el hombre.

Detrás de todas esas palabras se esconde un ecumenismo mal entendido que desemboca en el indiferentismo religioso, un “pacifismo” mal entendido, que lleva a no defender la verdad porque piensan que la confrontación es un pecado, quizás el único que queda, un abrir las puertas a los invasores musulmanes , una Iglesia libertaria , que sólo transmite derechos, derecho a todo, derecho a comulgar, derecho a la nulidad matrimonial, y ningún deber, una Iglesia que predica el igualitarismo porque no entiende que NO todos somos iguales, que hay unos que son santos, que rezan, que luchan por la verdad y otros son indiferentes y políticamente correctos.

Vivimos una corrupción en las costumbres, que indican un cuerpo enfermo, que se dejó inocular por unas toxinas que lo han dejado sin defensas. Y así ahora el hombre de grandes ideales, en esa revolución eterna, con su lenguaje moderno solo conseguirá apartarse más y más de Dios, porque si el hombre no habla de Dios y no habla el lenguaje de Dios está perdido.

El hombre herido, caído, el hombre del pecado original si no reconoce las reglas de Dios , sus mandamientos, se destruirá a sí mismo.

Defendamos nuestra fe, nuestra identidad con espada de doble filo, con hacha de combate, como decía Chesterton, porque sólo el catolicismo es capaz de salvar al hombre de su propia destrucción.

¡ que arda tu corazón!

 

4 comentarios

  1. Estoy de acuerdo con casi todo. Pero hay algo en el enfoque que no me gusta. No crees que lo que sucede es que los “ideales de la revolución” son profundamente cristianos en principio, pero arrancados de su fundamento?

    Chesterton decía que la gran mayoría de los problemas de occidente son culpa de una virtud cristiana que se ha vuelto loca. Hablar de fraternidad sin un Dios en quién fundamentarla, o de libertad sin un motivo, es hablar en vacío. Pero ello no significa que la libertad y la fraternidad, fundamentadas en su verdadero origen, no sean virtudes cristianas. Lo de igualdad ya no sé, está tan manoseado ese concepto que no sé qué decir.

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    • El concepto de igualdad, no me parece muy cristiano. No todos somos iguales. Es esta cultura moderna la que nos quiere hacer ver que sí lo somos. La libertad y la fraternidad si me parecen cristianos , pero solo arrancando de Dios, solo tomando como fuente Dios, si no, se pierde el concepto y se adultera, que es lo que ocurrió con la Revolución francesa y lo que ocurre ahora. En definitiva sustituir a Dios por el hombre. Una tragedia. La nueva religión. Es la guerra del lenguaje. Utilizar palabras amables, pero totalmente desposeídas de su verdadero significado.

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  2. Fazio, ?mason?

    Excelente artículo, Belén, te mejoras día a día. A mi, cualquier apelación a la repugnante Ilustración y a la Revolución Francesa, me parece vomitiva.
    Ilustración=Agnosticismo.
    Revolución Francesa=Genocidio y una de las mayores vergüenzas de la historia.

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    • En el artículo se intenta denunciar una perdida de identidad católica, amparados en un leguaje que nos coloniza y en una pérdida de fe, pero no hablamos de nadie , ni acusamos a nadie de nada. Lo que denunciamos es una actitud descuidada, por no estar vigilantes a todo lo que amenaza nuestra fe.

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