Hoy por desgracia los que combaten contra las mentiras y pecados del mundo, se les tacha de cristianos impresentables, rígidos y soberbios .

En la vida actual de la Iglesia los mártires por la Verdad son un desprestigio, una vergüenza y no atraen a la gente. Queremos cristianos atractivos, simpáticos, dulces, amables, positivos, tolerantes, educados y sobre todo que callen y que no opinen. En una palabra queremos cristianos  “guay” del “paraguay.”

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¿Tan difícil es encontrar católicos que den consejos católicos?

Ante esta crisis que vivimos en la Iglesia, es una pregunta que me llevo haciendo bastante tiempo.

Resulta difícil encontrar un laico o un sacerdote que libre de prejuicios te hable de esta crisis y echando mano de sus conocimientos te afronte el tema de forma objetiva.

Te encuentras católicos de todo tipo, los  que podríamos llamar “neocon” que son esos que supeditan su última creencia a lo último que ha dicho el papa, el dogma para ellos va evolucionando lentamente de acuerdo a las últimas tendencia y modas de la Iglesia, también están los modernistas, los liberales. quizás estos sean más peligrosos y más propensos a caer en la herejía. Pero ¿un católico a secas? Un católico que defienda lo de siempre, un católico que se apoye en la tradición, en el magisterio y en los santos padres, un católico con espíritu crítico que te advierta de los peligros para la fe, un católico que piense que la Iglesia tiene más de 2000 años   y no que nació con el CVII. Un católico libre de buenismos, un católico libre de relativismos, un católico que piense que Dios castiga , un católico que hable de la gracia, que no sea pelagiano, ni semipelagiano, un católico que sepa qué es la infalibilidad papal, que no sea mundano, que no haya invertido los valores …así podríamos continuar hasta el infinito.

Siempre me ha llamado la atención ese horror a la Cruz en  muchos católicos, que  justifican la aconfesionalidad, la pertenencia a partidos políticos totalmente contrarios en su programa a la ley de Dios, que justifican el diálogo con el mundo en lugar de la lucha contra el mundo, que justifican los silencios cómplices para no denunciar un mal, y para los que los únicos pecados son enfadarte y  no ser “POSITIVOS” .

A propósito de estas reflexiones les escribo unos apuntes del Padre Iraburu sobre un mal muy extendido entre muchos cristianos y que es el horror a la Cruz y la única visión católica que hay que tener al respecto( No lo digo yo, lo dice el padre Iraburu, que de esto sabe mucho)

El horror a la Cruz

Los cristianos, buscando eficacias y sobre todo escapándose de la Cruz, afectados de pelagianismo o semipelagianismo, por su camino razonable, van llegando poco a poco, casi insensiblemente, a silencios y complicidades con el mundo cada vez mayores. Lo vemos en una de sus formas más escandalosas en muchos «políticos católicos» –mucho más políticos que católicos–, absolutamente estériles para la causa de Cristo. No les vale el modelo de Cristo o del Bautista. Ellos quieren guardar la cabeza sobre sus hombros, y conservar su escaño… Cesa entonces la evangelización de los pueblos, de las instituciones y de la cultura. ¡Y así actúan quienes decían estar empeñados en impregnar de Evangelio todas las realidades temporales!… No será raro así que al abuelo, piadoso semipelagiano conservador, tenga un hijo pelagiano progresista; y es incluso probable que el nieto baje otro peldaño, y llegue a la apostasía.

Cuando el bien y el mal son dictados por la mayoría, el martirio aparece como una opción morbosa, excéntrica, opuesta al bien común, insolidaria con la sociedad general. Los cristianos semipelagianos – «¡por amor a la Iglesia!», cuidado–, también los que son Obispos, no quieren de ningún modo que se debilite la parte humana con la que pretenden colaborar con el Salvador: en pastoral, misiones, ecumenismo, política, cultura, enseñanza, educación, sanidad, etc. Se callan, o hablan, pero bajito, se disfrazan y pasan por lo que sea «para no ser perseguidos [ni ellos ni el rebaño que se les ha confiado] por la cruz de Cristo» (Gál 6,12). Es decir, insisto: «por amor a la Iglesia» (sic).

(…)

El horror a la Cruz ha llegado a expresarse en teología y espiritualidad: «Dios nos quiso la cruz de Cristo», «El Padre celestial no necesita para perdonar a sus hijos verlos afligidos por penalidades voluntarias», etc.  Los santos de nuestro tiempo han conocido la perversidad de estas doctrinas. Edith Stein, Santa Benedicto de la Cruz, escribe: «Los seguidores del Anticristo… deshonran la imagen de la cruz y se esfuerzan todo lo posible para arrancar la cruz del corazón de los cristianos. Y muy frecuentemente lo consiguen, incluso entre los que», etc. (Exaltación de la Cruz, meditación 14-IX-1939).

 Así el mundo al revés  el obispo, el rector de una escuela o de una universidad católica, el político cristiano, el párroco en su comunidad, el teólogo moralista en sus escritos, el cristiano laico, todos los que dan testimonio fuerte de la verdad natural y revelada; y más aún, que combaten contra las mentiras y pecados del mundo: son cristianos impresentables, que no están a la altura de su misión, y con lo que dicen o hacen ocasionan a la Iglesia desprecios y persecuciones del mundo.

Este tipo de cristianos, con sus palabras y obras, es evidente, son los que más dificultan las conversiones, y quienes más causan la división dentro de la Iglesia. Deben, pues, ser silenciados, marginados o retirados por la misma Iglesia. Aunque lo que digan y hagan sea la verdad y el bien, aunque sigan al más puro Evangelio, aunque guarden perfecta fidelidad a la tradición católica, aunque actualicen lo que dijeron e hicieron los santos que la Iglesia pone como modelos… En fin, aunque resulte duro, en necesario frenarlos, silenciarlos, neutralizarlos: no queremos mártires. En la vida de la Iglesia los mártires son un lastre, una vergüenza, un desprestigio. No deben ser tolerados, sino eficazmente reprimidos por la misma Iglesia. Elíjanse Obispos tolerantes, promuévanse teólogos y políticos «abiertos» al mundo de su tiempo, eviten todos cualquier forma de radicalismo evangélico que enfrente a la Iglesia con el Mundo…

(…)Si alguno quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios» (Sant 4,4). Estos cristianos insensatos piensan que la Iglesia evitadora del martirio, la que «guarda su vida», la que se hace amiga del mundo, la que por fin se reconcilia con él, será una Iglesia próspera, moderna, mucho más atractiva, y más alegre también.  Pero es todo lo contrario. Lo podemos comprobar ampliamente por la experiencia. Los mártires son alegres y los apóstatas son tristes. Los mártires hacen crecer la Iglesia. Los apóstatas manifiestos, y quizá más los encubiertos, la hacen estéril, la falsifican, y donde estén, acaban con ella.

¡ que arda tu corazón!

 

http://infocatolica.com/blog/reforma.php/1607040126-382-elija-por-favor-imartirio#more31248

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