Tradición y tradiciones, el arma más eficaz contra la maquinaria modernista

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Seguimos alertando de los peligros del personalismo y como ha supuesto una gran dificultad a las almas y al combate contra el modernismo.

Personalismo, IV:

apertura a la Modernidad,

 

Afirma el gran Nicolás Gómez Dávila en uno de sus Escolios que «la humanidad cree remediar sus errores reiterándolos».

Y yo me pregunto si los católicos de hoy, en especial aquellos que de una forma u otra están implicados en la formación del clero y del laicado, también creen remediar sus errores reiterándolos.

Alejarse del sistema intelectual tradicional —es decir, del realismo metafísico— ha traído muchos problemas a la Iglesia. Es hora, pues, de rectificar.

—No nos cabe duda que la Modernidad —y su metástasis super-nominalista, o posmodernidad— es el gran error de Occidente; y que el personalismo no es más que una reiteración bienintencionada de sus errores, bajo un débil sistema conceptual de apariencia ortodoxa.

Su prevalencia durante el posconcilio fue un hecho. Conviviendo con mil y una heterodoxias, cobró prestigio y autoridad, llegando a conformar, hasta el día de hoy, una reacción de ortodoxia débil, o de apariencia de ortodoxia, poco eficaz contra el enemigo modernista.

 

Y es que un sistema en el que existen algunos elementos positivos, combinados con errores de origen existencialista, gnóstico e idealista, no tiene la suficiente entidad como para combatir el modernismo; antes bien sucumbe a él y es parte y artificio suyo; el modernismo no se puede refutar con humanismo devoto;(…) No posee Tradición ni tradiciones, que es el arma más eficaz contra la máquina modernista, cuerpo y alma del mundo moderno.

Nosotros vamos a comentar aquí, y en sucesivos artículos de esta serie sobre el personalismo, algunos de estos errores reiterativos, y confirmaremos su conexión heterodoxa. Los encontraremos citados una y otra vez, aquí y allá, aceptados como paradigma tácito; los hallaremos repropuestos y reformulados una y otra vez cual pastoral renovadora, como idiosincrasia de fondo, incuestionada y asumida como católica.

Comencemos. Cito el pasaje elegido del personalismo, uno entre tantos, y lo comento a continuación.

***

COMENTARIO I

«La posición del personalismo comparte algunos aspectos de esta postura [la crítica a la Modernidad], en especial la crítica al subjetivismo y al idealismo, pero entre otros se aleja de manera significativa. Ante todo valora de modo más positivo a la modernidad y, aun aceptando que parte de la filosofia moderna se ha equivocado al optar por el subjetivismo y el idalismo, estima que no se la puede considerar como un mero alejamiento de la verdad, sino como desarrollos de la mente humana en la que se despliegan elementos verdaderos, algunos de ellos incluso procedentes del cristianismo» (J.M. BURGOS, El personalismo, Palabra, Madrid, 2000, pág. 193)

Por una parte, se dice que el personalismo comparte algunas nociones de la crítica filosófica a la Modernidad, pero por otra se afirma que se aleja significativamente de esa crítica, porque, asegura, no se puede decir que la Modernidad se haya alejado de la verdad. No son propiamente errores, se dice, sino desarrollos de la mente humana.

Cabe preguntarse si, en la cosmovisión cristiana —fundamentada sobre la objetividad universal de la ley moral y los principios de la razón auxiliada por la fe— el subjetivismo moderno tiene algún papel relevante, o si por el contrario ha sido condenado como error peligroso del modernismo.

Tal vez se ignora que en la carta encíclica Pascendi —ese documento capital de la lucha antimodernista, dado a la Iglesia por San Pío X en 1907— se denuncia globalmente este subjetivismo nominalista de la Modernidad, que el personalismo considera no meramente alejado de la verdad.

Y es que San Pío X, alertando contra la toxina modernista contenida en la Modernidad, conmina a hablar de la verdad en sí misma, y rechazar esa supuesta “verdad” subjetiva que no es sino falsedad inútil y expansiva. Porque no puede haber un desarrollo positivo de la mente que sea falso y a la vez verdadero en sí. Por eso afirma el Pontífice: «Hablamos de la verdad en sí; esa otra verdad subjetiva, fruto del sentimiento interno y de la acción, […] de nada sirve al hombre» (Pascendi 39).

Continuará…

http://infocatolica.com/blog/mirada.php/1710211209-216-personalismo-iv

 

 

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