¿ Es posible defender la ley natural sin proclamar a Cristo y sin proclamar su doctrina?

CRISTO REY 13

Seguimos alertando a las almas que nos leen, de los posibles peligros y desviaciones a las que puede llevar el personalismo

Los grandes tópicos del personalismo, III:

fe contra religión

1.- La obra de Dietrich Bonhoeffer (1906- 1945), pastor protestante asesinado por los nazis, ha nutrido con algunos tópicos teológicos la mente personalista de hoy. (…)

Y es que tiene cierto atractivo para la mentalidad occidental, secularizada y antimetafísica, que se separe netamente la fe de la religión. Por eso presentar el mensaje cristiano como un mensaje espiritual pero no religioso tiene cierto éxito aparente.

Nicolás Abbagnano, existencialista, historiador de la filosofía, lo capta perfectamente: «Por primera vez, en la obra de Bonhoeffer, se intenta una interpretación no religiosa de la fe: es más, se contrapone la fe a la religión» (Historia de la Filosofía, vol. 3, cap. XVI, 864, pág. 793).  No era la primera vez,  como cree Abbagnano.  Porque la relectura no religiosa de la fe fue el objetivo del humanismo renacentista,  que idolatraba Maritain.

2.- Bonhoeffer niega que la religión sea condición mediadora de la fe.- Por ello es absurdo el proselitismo. Porque “captar” para la propia religión, cuando lo importante no es la religión sino la fe, es, bajo este punto de vista, un sinsentido.

Una fe adulta, bajo esta perspectiva, no consiste esencialmente en sacramentos, creencias o ritos, propios de una inmadura mentalidad meramente religiosa. Sino en tener una fe personal, que sirva al hombre en su búsqueda natural de sentido; una fe entendida como experiencia natural (naturalmente espiritual) de realización personal, que supere los limites conceptuales, sacramentales y cultuales de la religión heredada.

Presentar la necesidad de fe como la necesidad natural de algo (Alguien) que dé sentido inmanente a la vida, es otro de los temas recurrentes del personalismo. Que gusta de recurrir, para ello, a la obra de otro de sus autores de culto, Victor Frankl (1905- 1997), del que hablaremos en próximos artículos.

Para ser auténtica, por tanto, se dice que la fe debe transcender la rígida religiosidad de culto y dogma, propia de inconversos, y los límites formalistas de su creencia inmadura. Es la tesis a la que inevitablemente nos conduce Bonhoeffer, lo quiera o no, con su Resistencia y rendición. Como explica Abbagnano:

«El intento, muchas veces repetido por la apologética religiosa, de llevarlo a depender de creencias de las cuales se ha liberado, se asemeja al intento de volver a la juventud a un individuo que ya es un hombre maduro» (Ib., p.246)

3.- El espacio para la fe, por tanto, para Bonhoeffer, no está en el mundo de las creencias ni de los ritos, no en la doctrina ni en lo sagrado, sino, como afirma en Resistencia y rendición, p. 216, en el centro del hombre y de su mundo.

Estamos padeciendo hoy día las consecuencias de esta visión no doctrinal ni cultual de la fe, una reinterpretación del cristianismo que se ha convertido en tópico para muchos evangelizadores, y está presente incluso en documentos oficiales de la Iglesia, catequesis, cartas pastorales, textos formativos de grupos parroquiales, asociaciones y movimientos.

Demasiado a menudo escuchamos que ser cristiano no consiste en tener creencias o profesar doctrinas ni catecismos, separando netamente fe y religión. Y es idea que, llevada al extremo, fundamenta el situacionismo, no lo olvidemos. No debe extrañarnos que los intentos de justificación de la tesis de Amoris lӕtitia se basen en esta separación: por un lado, el hombre concreto y su mundo, sus circunstancias, su existencia vital; por otro, la religión con sus doctrinas, normas y ritos. La fragmentación personalista deviene, fácilmente, en primacía subjetivista de la conciencia.

4.- La idiosincrasia fenomenológica, por tanto, tiene sus teologías de culto, como la de Bonhoeffer.– Le sirven de apoyo, de andamiaje, de sustento. Y a pesar de su precariedad, ¡de cuánto prestigio han sido revestidas, como si fueran propiamente católicas! Y es que la Nueva Teología es al personalismo como el combustible al vehículo. Son inseparables. La una no tiene sentido sin la otra. Y es notorio que para desplazarse y moverse por el mundo secularizado, el católico en crisis conduzca su propio vehículo —y crea que no necesita subirse al tren de la Tradición y de las tradiciones. Un tren que procede, movido por Dios mismo, del tiempo de Cristo y los apóstoles hasta el día de hoy, hacia la Ciudad de Dios. ¿No habremos de subirnos a él? ¿Preferiremos neoconstructos?

5.- Propio del personalismo católico, además, por esta su concepción no religiosa de la fe, es la aconfesionalidad naturalista de sus actividades. Sea el movimiento provida, la reivindicación ciudadana, el activismo familiarista….Ni doctrina revelada, ni oración, ni confesionalidad explícita, ni reinado social de Cristo, han de enturbiar sus actividades, meramente éticas y nunca religiosas. Como si fuera posible defender la ley natural sin confesar a Cristo, sin proclamar su doctrina, a base de humanismo devoto. Basta la Encarnación, se cree, para que lo natural sea religioso sin tener que confesarse explícitamente como tal. Era la tesis de Maritain.

6.- El Papa emérito Benedicto XVI, en su mensaje a la Pontificia Universidad Urbaniana, criticaba así la disociación que Bonhoeffer establece entre fe y religión:

«el teólogo evangélico Karl Barth puso en contraposición religión y fe, juzgando la primera en modo absolutamente negativo como comportamiento arbitrario del hombre que trata, a partir de sí mismo, de apoderarse de Dios. Dietrich Bonhoeffer retomó esta impostación pronunciándose a favor de un cristianismo sin religión. Se trata sin duda de una visión unilateral que no puede aceptarse.»

Era importante esta crítica, y creo que pasó desapercibida. Porque en ella Benedicto XVI nos está advirtiendo contra la disonancia entre la fe y la doctrina, entre la fe y el culto, entre la fe y la moral. Disonancia actualísima.

7.- No nos quepa duda que la difusión de esta ruptura tiene consecuencias; entre otras,  la popularización de un sentido meramente natural del deseo de perfección, a la manera de los humanistas del Renacimiento, que tanto admiraban Maritain y de Lubac. Demasiado a menudo se presenta el hecho religioso como una transición continua de la naturaleza a la gracia, como una búsqueda natural de sentido que culmina en Cristo, anhelo presente en todo hombre por su propia naturaleza, y no por la fe recibida en el bautismo; ni por la gracia, gratuitamente recibida.

Demasiado a menudo se presenta el cristianismo como una espiritualización sin religión de la ley natural, cuyo mero cumplimiento ya es cristianismo, anónimo, pero cristianismo. Demasiado a menudo se nos predica, por parte de laicos o sacerdotes comprometidos con la evangelización, que la fe es el punto final de una búsqueda “mística” de sentido, pero que acaba en Cristo por transición natural. Demasiado a menudo se nos quiere hacer creer que hay que convertirse a esta disociación, o anclarse en un pasado infértil, de Cristiandad caducada.

La difusión del lema de la teología experiencialista de Bonhoeffer, «Jesús nos llamó, no a una nueva religión, sino a una nueva vida», es enorme. Obispos, laicos, agentes de evangelización, catequistas, teólogos comprometidos en labores de pastoral, enarbolan la bandera teológica de Bonhoeffer como si fuera católica, y afirman, sin complejos, que la fe en Cristo no es una religión, ni consiste en profesar doctrinas ni recitar credos ni cumplir con ritos ni dispensar sacramentos ni profesar una moral.

De las consecuencias de este error para la vida cristiana, y de su nula proyección misionera, hablaremos en otro capítulo de esta serie, si Dios nos lo concede.

http://infocatolica.com/blog/mirada.php/1710151049-215-topicos-del-personalismo

Continuará…

4 comentarios

  1. Aprendo muchísimo con estos artículos y comentarios.
    Gracias a todos: a Gracian en este tema y al blog “Oriente enllamas” que cada mañana me aporta conocimiento y me ayuda a mantenerme firme en la fe ante los vaivenes modernistas y a buscar la verdad en Cristo.

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