¿ Qué más da la Verdad mientras haya paz?

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No necesitamos a Cristo para ser felices, no necesitamos a Cristo para vivir en paz, es un mensaje que machaconamente desde dentro de la Iglesia llevan más de 60 años repitiendo y macerando las cabezas de los católicos.

Por supuesto me refiero al ecumenismo, al que se han apuntado de forma entusiasta y voluntarista gran parte del clero, jerarquía y laicos embebidos en una caridad y amor al prójimo de tal calibre, que sus corazones llenos de un humanitarismo enfermizo ya no necesitan a Dios, ¿para qué? lo han reducido a Dios de las sacristías, a Dios  de oración egoísta que no se expande porque es estéril.

Ahora se lleva escuchar y entender. Gran parte de los fieles de la Iglesia Católica no se consideran en la Verdad de Cristo, porque  los enemigos de la Iglesia se han encargado de “minar ” su fe desde arriba con documentos, cartas, gestos y declaraciones ambiguas, les han hecho ver que si dicen que Cristo es la Verdad, el mundo no los aceptará, el  mundo les dirá que son fundamentalistas y rígidos y además les hará ver que  ¿qué más da la Verdad si podemos vivir en paz, en el pluralismo, la tolerancia y la comprensión de los que viven en el error? ¿ Qué más da la Verdad si todos nos queremos y nos respetamos? ¿ A quién le gusta que sus propios hermanos católicos le acusen de arrogante, intolerante y soberbio?

¿ Hemos reducido el anuncio del evangelio a las obras, olvidando las fuentes de la gracia?

Podríamos decir que es el pelagianismo y sus peores consecuencias las que se han apoderado del corazón de tantos fieles; PENSAR que no necesitamos a Dios para ayudar al prójimo, pensar que nosotros mismos podemos hacerlo mejor, pensar que los hombres, sin eucaristía, sin adoración, sin oración podemos conseguir lo que Cristo no consiguió: Acabar con la pobreza, hacer un mundo mejor, conseguir los mayores avances tecnológicos, acabar con la vida y empezar con ella cuando nosotros los decidamos. Solo hay que ver los sloganes de las campañas de cáritas para ver la infiltración antropocéntrica y humanista que contamina dichas campañas.

¿Una vez alcanzada la paz, la tolerancia y el respeto entre todos los hombres, objetivo que parece ser ahora prioritario en la Iglesia, para qué necesitaremos a Cristo?

¡ que arda tu corazón!

 

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