Todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, la de los ojos y la arrogancia de los bienes terrenos, no procede del Padre, sino del mundo(1Jn 2,15-16 )

BeatoNewman

 

El otro día hablábamos de la visión del mundo como algo bueno pero perecedero, (Vió Dios que era bueno) y que es nuestro corazón , el que se endurece ante las buenas cosas creadas por Dios.

Hoy explicaremos el  concepto del mundo como algo positivamente pecaminosos, según el texto: “El mundo entero yace en poder del Maligno”.

Fue creado bueno en todos los sentidos, pero incluso antes de que se hubiera desarrollado plenamente, Adán cayó. Y así el mundo, con todos sus rangos sociales, sus objetivos, sus fines, sus placeres, sus recompensas, ha sido siempre pecaminosos desde su nacimiento.

Aquí podríamos ver en alguna personas, que incluso rechazan o niegan estas afirmaciones, la pelagiana negación del mal.

El pecado se extendió e infectó todo el sistema, de manera que aunque la traza es divina y es buena, el espíritu y la vida que contiene son malos. Asó por ejemplo nacer en una familia de alto rango es un don de Dios, pero la soberbia y la injusticia a que da lugar son cosa del demonio. Ser pobre e ignorado es también voluntad de Dios, pero la falta de honradez y el resentimiento que con frecuencia se dan en los pobres viene de Satanás. Amar y proteger a la esposa y a la familia es un mandamiento de Dios, pero el amor por el lucro y la ambición mezquina que lleva a tantos hombres a realizar grandes esfuerzos, son pecaminosos. Por eso dice el texto que “el mundo entero yace en poder del Maligno”; está sumergido y empapado, por así decirlo, y no hay parte alguna que permanezca en la condición original en que Dios la creó, ni una sola porción pura de las corrupciones con que Satán lo ha desfigurado.

Por eso preguntémonos con corazón sincero

¿He rectificado la intención en todos mis proyectos, obras, tareas y afanes, buscando única y exclusivamente la gloria de Dios?

No dejemos que el enemigo se nos cuele, en forma de astucia, en forma de pensar que con una argucia, un poco torcida conseguiremos alcanzar nuestros objetivos. Abandonemos nuestros afanes, negocios en las manos de Dios. Dialogar con el mal , aunque sea de forma solapada es el comienzo de la apostasía.

¡ Que arda tu corazón!

 

 

 

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