Cuando admites una afirmación y la contraria, has renunciado a la razón .

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Hoy en día existe una nueva variedad de católicos, hay muchos que ya los han etiquetado, yo me limitaré a describirlos.

Todo esto lo digo a propósito de las últimas declaraciones del papa Francisco sobre el tema de la pena de muerte. Por ejemplo este tipo de católicos de los que hablo ahora, no considera ningún tipo de incongruencia lo que decía Pio XII a propósito de la pena capital, con lo que está diciendo el papa Francisco. Las afirmaciones de ambos papas son totalmente contrarias , sin embargo asumen y acatan las dos afirmaciones sin ni siquiera plantearse las consecuencias o las causas que han llevado a un papa y al otro a hacer dos declaraciones totalmente contrarias entre sí.

No solo lo asumen, sino que no le dan ninguna importancia y entiendo que no le dan importancia porque no les importa en absoluto.

Entiendo esa postura cómoda, pero no es una postura católica, nadie te puede obligar a que vayas contra tu razón, nadie tiene el derecho a que renuncies a la razón para llegar a la Verdad. Esta postura que veo nace de un papanatismo, de una visión exagerada de la autoridad papal y  de un amor al papa mal entendido. Supongo que renunciar a la razón es un peaje que tienen que pagar para poder vivir en paz consigo mismos.

Dicen que las crisis son buenas, pueden serlo, no en el sentido malo que tienen , si no en que puede suponer una purificación de las almas, para ser más de Cristo y para rectificar nuestras intenciones y purificar nuestra fe.

Les transcribo las palabras de Pio XII sobre la pena de muerta y a continuación las del papa Francisco. Entiendo que como Pio XII ya murió sus palabras valdrán menos que las del papa Francisco que todavía vive( quizás sea este el criterio que utilicen estos “nuevos” católicos para dar validez a unas palabras sobre las otras)

En 1952 el Papa Pío XII dijo lo siguiente , en un discurso público grabado entre sus actos oficiales:

Incluso cuando se trata de la ejecución de un hombre condenado, el Estado no dispone del derecho a la vida del individuo. En este caso, está reservado al poder público privar al condenado del goce de la vida en expiación de su delito cuando, por su delito, ya se ha deshecho de su derecho a vivir.

En 2017, el Papa Francisco habló , en un contexto no disímil:

Debe declararse claramente que la pena de muerte es una medida inhumana que, independientemente de cómo se lleve a cabo, atenúa la dignidad humana. Es per se contrario al Evangelio, porque implica la supresión deliberada de una vida humana que nunca deja de ser sagrada a los ojos de su Creador y de la cual, en última instancia, solo Dios es el verdadero juez y garante.

De nuevo:

Por lo tanto, es necesario reafirmar que, por grave que sea el delito cometido, la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona.

¡ Que arda tu corazón!

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