Eufemismos, la clave para entender el laberinto del capítulo VIII de AL(3 de 4)

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III.- EFICACIA DEL EUFEMISMO

III.1- Pretensión y eficacia del eufemismo.- El eufemismo, por tanto, de la recontextualización /fragilidad /herida, en línea con las tendencias similares del Sínodo, pretende hacer creer que no hay cambio doctrinal, sino cambio pastoral, y que no se trata en especial de los divorciados vueltos a casar y de su acceso a la comunión, sino de los frágiles, los heridos, los excluidos y los marginados en la Iglesia.

Analizando las reacciones suscitadas por este sistema de eufemismos, hay que concluir que ha sido efectivo, sin duda. Y voy a poner un ejemplo. Se trata del artículo del doctor en teología, y especialista en temas de familia, Juan Pérez-Soba. Se publicó en Infocatólica, el 10 de abril de 2016. En este artículo, Pérez-Soba, que por cierto es teólogo de los buenos, de sana y excelente doctrina, afirma que el capítulo 8º de A.L. no trata concretamente del acceso a la comunión de los divorciados en nueva unión, sino del trato pastoral a personas en situación de exclusión —es decir, heridos, frágiles, víctimas, marginados, etc.). Afirma Pérez-Soba primero que A.L. no supone cambio doctrinal alguno:

«La primera y más evidente, quien esperaba un cambio en la doctrina de la Iglesia no lo va a encontrar y se quedará desilusionado

A continuación, incide en que la comunión de los divorciados en nueva unión, como en el Sínodo, no fue un tema explícito, ni siquiera el central, que no es otro que la superación de situación de exclusión en la Iglesia (lo resalto en rojo):

«Así como el Sínodo no se mencionaba explícitamente la recepción de la comunión o de la confesión en el caso de los divorciados vueltos a casar, aquí tampoco se hace. En todo el largo capítulo octavo sobre las situaciones de dificultad no se menciona en el texto la Eucaristía. El Papa, como manifestación de una postura personal, no ha querido sino refrendar el Sínodo en sus mismas expresiones. […]  En un tema que era abierto de conveniencia dentro de la comunidad y que podía haber intervenido con su autoridad, pero no hace sino repetir la afirmación del Sínodo del 2015: “es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas” (AL 229, citando la Relatio, 2015, 84).

Afirma que la postura de Kasper, favorable, como sabemos, a la comunión de los divorciados en nueva unión, no se ha asumido. No encuentra (a diferencia de los obispos y conferencias episcopales que sí lo encuentran, incluso con vistobueno por carta del Pontífice) en el capítulo 8º ninguna referencia oficial a la posibilidad de que los divorciados vueltos a “casar” puedan acceder a la comunión:

«La primera consecuencia que se saca de la exhortación es que la propuesta del Cardenal Kasper que fue rechazada en el Sínodo no ha sido asumida. No hay en el texto reclamo alguno a una tolerancia oficial de una situación de una segunda unión no sacramental.»

Razona entonces Pérez-Soba de esta manera, que ha sido y es la más frecuente: si se hubiera pretendido un cambio doctrinal y disciplinar, se habría dicho explícitamente; pero como no se ha dicho explícitamente, entonces no se pretende un cambio doctrinal y disciplinar:

«Si el Papa hubiese querido un cambio en este sentido lo hubiera dicho explícitamente»

Lo único que encuentra este autor en A.L., son vagas referencias a casos difíciles, pero no concretamente al que nos ocupa:

«En definitiva no se da ninguna razón objetiva para que un divorciado en una nueva unión pueda recibir los sacramentos fuera de las condiciones que ya exponía Familiaris consortio, n. 84 que en la Relatio del 2015 se señalaba (n. 85) como “un criterio global que debe considerarse la base para la valoración de estas situaciones”. Esto no se da en ningún momento. Las simples insinuaciones de las notas 336 y sobretodo 351 se refieren a situaciones genéricas de casos difíciles, sin referirlas de hecho a los divorciados en una nueva unión.»

¿Qué es lo que podemos encontrar en el texto, entonces? Pues según Pérez-Soba, lo que podemos encontrar en A.L. es una novedad pastoral, un camino nuevo de misericordia:

«El fin del texto entonces no es hacer una revolución en la Iglesia, sino llevar a cabo una “conversión pastoral misericordiosa” (cfr. nn. 201 y 293). Esto sí que es nuevo, evangélico y desde luego misionero, aunque no sea lo que más hayan esperado los medios de comunicación.»

Y un cambio pastoral de grandes dimensiones:

«Por eso toda su doctrina del amor no es una sola bella reflexión sino un interés grande de un cambio pastoral de importantes dimensiones. »

Un cambio pastoral, entiende Pérez-Soba, muy novedoso, que consiste en la primacía de lo pastoral sobre lo doctrinal:

«En ella se ve la primacía de una visión pastoral centrada en enseñar a amar que supera la sola visión doctrinal o las consideraciones espirituales. »

Eso sí, un enorme cambio novedoso pero de enorme continuidad (¡!) con lo anterior:

«En verdad está señalando un camino en una continuidad eclesial muy grande, eso sí con un nuevo aliento.»

Es una lógica de sí pero no, de no es lo que parece, de 2 + 2 son 5; las contradicciones que suscita el eufemismo, como hemos comprobado en el ejemplo del artículo de Pérez-Soba, reflejan que, sin duda, la preparación eufemística de A.L. tuvo éxito: el sistema eufemístico ha producido la creencia de que A.L. supone una enorme novedad, pero no cambia nada. Como si fuera posible una enorme novedad sin cambio alguno.

(…)

Tras leer artículos como el mencionado, que proceden precisamente de teólogos de buena doctrina, no podemos sino confirmar que el eufemismo recontextualizar la doctrina, heridad/fragilidad, cumple su función perfectamente: hace desaparecer el contenido, anula la lectura natural, oculta la tesis, que es presentada sólo transversalmente. Cambia la sustancia, pero sin que parezca que la cambia. Permite excepciones a los actos intrínsecamente malos, pero sin que parezca que lo permite, sino todo lo contrario; analiza la posibilidad de acceso a la comunión de los fieles en estado de adulterio público y pemanente, pero sin que parezca que lo hace.

Este es el meollo de la cuestión: que aunque parezca que no lo hace, sí que se están poniendo indirecta y transversalmente las bases para un cambio sustancial, que afecta al principio católico. Una vez incorporado este cambio a la praxis institucional, como está sucediendo de forma alarmante, la crisis está servida.

Hemos conseguido la cuadratura del círculo.

¡ que arda tu corazón!

http://infocatolica.com/blog/mirada.php/1707011031-194

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