Eufemismos, la clave para entender el laberinto del capítulo VIII.(2 de 4)

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Seguimos desgranado el capítulo VIII y la utilización de eufemismos:

 

II.- EL TÍTULO EUFEMÍSTICO DEL CAPÍTULO 8º DE A.L. COMO CLAVE DE LECTURA

De la misma manera que se preparó el contenido doctrinal de A.L. mediante el eufemismo de la recontextualización y sus expresiones asociadas —“nuevo rumbo pastoral”, “un nuevo camino”, “nuevo impulso pastoral”, etc., etc.—, de la misma forma, como decimos, se preparó la lectura artificial del capítulo 8º. El título, Acompañar, discernir e integrar la fragilidad, está pensado claramente con esa función. Veámoslo.

II.1.- El concepto de fragilidad como sustituto del concepto de pecado.-  La inclusión del término “fragilidad”, en lugar de pecado, o incluso de adulterio, posee una clara funcionalidad recontextualizadora. Adelanta al lector cómo debe entender el contenido principal del capítulo —que no es otro que la posible excepción a la prohibición de comulgar de divorciados en nueva unión—,  y propicia una lectura no natural del texto, que se yuxtapone forzadamente a la inevitable lectura natural.

Esta bipolaridad de lecturas suscita un desasosiego evidente para todo aquel católico formado en la doctrina tradicional, que lee de forma natural el texto, pero al mismo tiempo es conminado transversalmente por el propio texto, desde el título, a leerlo en otra clave.

—Si en el título, Acompañar, discernir e integrar la fragilidad, sustituimos la palabra fragilidad por la palabra adulterio, comprobamos con estupor de qué manera cambia el significado: acompañar, discernir e integrar el adulterio. Ahora encaja el contenido leído en lectura natural, ahora lo que parecía ambiguo se aclara y la heteropraxis disimulada por el eufemismo sale a la luz y queda desvelada.

II.2.- Sobreabundancia de expresiones eufemísticas, sustitutivas del concepto de adulterio.- A lo largo del capítulo 8º encontramos un torrente de diversas expresiones eufemísticas, de significado intenso, cuya función es resaltar el concepto de la fragilidad como sustituto de pecado, y potenciar su efecto talismán. Mediante estas expresiones sustitutivas, los conceptos de pecado y adulterio quedan completamente desfigurados.

Vemos cómo en lugar de adulterio, pecado, fornicación, etc., se habla eufemísticamente, de participación en la vida de Cristo pero «de modo incompleto» (A.L. 291), de «amor herido y extraviado» (291), de realizaciones del “ideal” del matrimonio, pero «de modo parcial y análogo» (292), de «situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio» (292), de «situaciones de fragilidad o imperfección» (296), de «modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición» (296), de «situaciones llamadas “irregulares”» (297), de «situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas» (298), de «segunda unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas.» (298), de que «este no es el ideal» (298), de una situación que «no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio» (303),  de «aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios» (303), de «entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites» (303) (¡¡!!), de «casos difíciles y las familias heridas» (305), de «posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites» (305), de «situaciones excepcionales» (307), etc.

Repetimos: se habla de todo eso, pero no se habla de adulterio, ni de fornicación, ni de estado de pecado. Por eso, parece que no habla para nada de la situación de los divorciados en nueva unión, parece que no habla de personas que están en pecado publico y manifiesto, parece que sólo se habla de heridos, víctimas, frágiles, excluidos… Y sin embargo sí que habla, y mucho, de ello.

 

Causa pasmo y perplejidad comprobar esta profusión desmesurada de eufemismos en un documento del magisterio de la Iglesia, para referirse entre otras cosas al adulterio, y de una manera que es no sólo totalmente ajena a la Tradición de la Iglesia, sino, fundamentalmente, nociva y perjudicial para las almas, a las que se le oculta la gravedad del pecado en que viven.

Con el eufemismo de la fragilidad/herida, y sus muy numerosas expresiones complementarias, se da a entender en lectura artificial que el adulterio es una situación sobrevenida y recibida pasivamente, cual herida, y que los individuos la padecen sin culpa, o con la culpa atenuada de una víctima, presa de sus circunstancias y coaccionada por lo irresoluble de la situación. Es la visión situacionista del pecado, tan frecuente en Häring y, en general, en toda teología de la anomia. Así es posible insinuar excepciones a los actos intrínsecamente malos, prohibidos explícitamente por el magisterio eclesiástico, y en concreto por Veritatis splendor.

 

Cuando oigo a personas decir que lo han leído y que no les ha causado ninguna duda, ni estupor, pienso en esas mentes y creo que o no tienen fe o no tienen formación.

¡ que arda tu corazón!

 

http://infocatolica.com/blog/mirada.php/1707011031-194

 

Un comentario

  1. Muchísimas gracias por toda la formación que su blog nos aporta.

    Me tranquiliza pensar que sigo en el camino de la verdad del Evangelio.

    Que la Virgen de Fátima nos proteja.

    Me gusta

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