En la Edad Media, la Iglesia hablaba de los dos cuerpos del Papa; el cuerpo del hombre y el cuerpo del Vicario de Cristo

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Por Hubert Windisch. KATH.NET. 7 de Septiembre de 2017.

 

Análisis de Hubert Windisch, profesor emérito de teología de la facultad  de Freiburg (D), publicado en Kath.net.

 

“Cuando el Papa emérito Benedicto XVI publicó su emotivo homenaje al Cardenal Meissner recientemente fallecido, hemos podido leer entre líneas, una cierta crítica de la situación en la que se encuentra actualmente la Iglesia. Y no podemos excluir más, que en estas críticas se incluyera la manera de cómo se ejerce el actual pontificado.

De hecho, muchos sacerdotes y laicos se sienten inquietos respecto a ciertos acontecimientos donde el eco nos viene de Roma:

¿Este cargo no será demasiado para el Papa? Las reflexiones que siguen justifican largamente que nos hagamos ciertas preguntas.

Cuando Jorge Mario Bergoglio fue electo Papa el 13 de Marzo del 2013, como sucesor del Papa Benedicto XVI, él se dirigió en un primer momento, como lo manda la tradición, a aquella pieza que llamamos la sala de las lágrimas (camera lacrimatoria) que se sitúa al lado de la capilla Sixtina. Es allí donde él debe revestir las insignias de su cargo pontifical: la Muceta de terciopelo rojo y piel de armiño blanco, la cruz dorada de los papas y las tradicionales zapatillas rojas. Pero él rechazo de llevar estas insignias. Él habría expresado: “ya está bien de ahora en adelante se finalizó este carnaval”. Sea lo que sea,  este Papa no parece haber captado la significación simbólica de estas insignias: la Muceta de terciopelo rojo recuerda el sufrimiento y la sangre de Cristo; la cruz dorada significa la dignidad y el peso de la responsabilidad pontifical; las zapatillas rojas hacen referencia a Constantino XI, el último emperador Bizantino el rojo era el símbolo de poder de los emperadores bizantinos y este último encontró la muerte en la conquista de Constantinopla en 1453 a manos de los musulmanes.

Cuando Bergoglio entra en la loggia de las bendiciones, el mundo entero pudo vivir  en directo la toma de su función y responsabilidad pontifical la más mundana que jamás haya existido desde que la radio y la televisión están ahí para transmitir.

Bergoglio dijo a las miles de personas que estaban reunidas en la plaza de San Pedro no: “Laudetur Jesus Christus” o “In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti” sino buenas noches “Buona sera”.

Desde este momento una inquietud se generó. El miedo de que un pontificado mundano, estaría iniciando después de esta entrada como presentación; el miedo emergente de otro tipo de “carnaval “, como se esperaba entre otras se confirma algunos días más tarde cuando vemos al Papa colocarse una nariz roja de payaso en una audiencia general en la plaza de san Pedro.

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Lucrecia Rego de Planas, una  católica mexicana que conoce personalmente a Bergoglio después de muchos años, escribe algunos meses después de la elección del Papa Francisco una carta abierta con acentos trágicos: “el Papa ser amado de todos “esto explica algunos falsos pasos de Bergoglio en cuanto a su manera de dirigir el estilo y el contenido de su responsabilidad.

Una cantidad de palabras en el transcurso de muchas entrevistas, llamadas telefónicas y homilías de la mañana o aún posturas oficiales de tipo  artificial que son seguramente, eficaces para ser la  primera página de revistas, pero que son desplazados cuando se trata de la salvación de las almas de los fieles.

Un colega protestante me escribía un día: “no se trata solamente de ir a pie a la peluquería o al dentista, o de servirse uno mismo en el restaurante del Vaticano o de llegar en un Fiat 500 a una cita con el presidente de los Estados Unidos para ser un buen Papa. Yo tengo miedo que por los huecos de su sotana se filtre un poco de vanidad”.

Aquel que ama ser amado por los otros se ve siempre en contradicción, en cuanto que es pastor de la Iglesia, al colocar  una parte del anuncio del Evangelio sobre el fuego. Si se trata del Papa,  entonces el riesgo es de no ser la roca que resistirá firmemente a la tempestades de la vida, él puede entonces parecer ante todo como una duna de arena que se mueve con el viento del espíritu del tiempo, él puede ser llevado a expresar posiciones y opiniones serviles, doblegándose fácilmente a todo y a cada uno y que conduzcan finalmente en un debilitamiento inadmisible de la consciencia que la Iglesia católica tiene de ella misma.

Veremos en un video, en el transcurso de una invitación a la oración iniciada por el Papa en enero del 2016, a representantes del budismo, del judaísmo, del islam, y de la cristiandad presentarse al lado y lado.

Delante de ellos, los símbolos religiosos de sus comunidades respectivamente, a saber: una estatua de Buda, un candelabro de siete ramas, una especie de rosario musulmán y no estaba la Cruz de Cristo, sino un simple y pequeño Jesús del pesebre.

Veremos también el Papa, en la fiesta del Jueves Santo del 2016, lavar los pies de prisioneros, y entre ellos musulmanes, gestos que finalizan no solamente con desligar la simbología arraigada a la acción de Jesús en el curso de la última cena,  sino que al igual falsifican el sentido.

Veremos también al Papa, un sábado en la vigila de pentecostés del 2014, invitar a representantes de tres religiones monoteístas a una oración por la paz en el Vaticano. Y dejar literalmente señalarse con el dedo, al mismo tiempo que el rabino presente, por el representante musulmán, cuando aquel empezó a citar, en conclusión de su oración la Sura 2 del Corán, aquella que suplica a Alá de darle a los fieles musulmanes la victoria sobre los pueblos infieles (es decir los judíos y los cristianos).

Veremos también al Papa, en el avión que lo condujo de la jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en la entrevista sobre la violencia del Islam, acordémonos que es durante los días del Papa en Cracovia, el 26 de Julio que el padre Hamel fue asesinado por dos musulmanes mientras celebraba la misa en una parroquia cerca de Ruan [Francia] – la respuesta a los periodistas haciendo eco de esta historia de una católica italiana asesinada por su yerno. Los periodistas se preguntaron entre ellos si él no venía de ser testigo de un bug papal.

Veremos también el Papa volar hacia la Isla de Lesbos para visitar un campo de refugiados: él se trae consigo algunos a Roma, pero solamente musulmanes; ni un solo cristiano.

Escucharemos también en Abril del 2017, una comparación terrible entre las condiciones de vida dentro de los actuales campos de refugiados y aquellas que habían conocido los prisioneros de los campos de concentración nazi.

Y así se pueden encontrar muchos ostros  ejemplos dentro del campo político, que tienden a confirmar la planicidad de este pontificado. Este último es, de más, características  por la cantidad de contradicciones que circulan: si hacia el exterior este discurso está impregnado de la noción de misericordia, al interior del ejercicio de la responsabilidad pontifical está marcado por una real dureza.

Uno se acuerda por ejemplo de la actitud del Papa frente a los cardenales que emitieron los “dubia”, o aun recientemente de la limitación silenciosa del Cardenal Müller como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

El ejemplo más fuerte de esta tendencia a propósito de estas contradicciones nos viene sin duda del documento post-sinodal “Amoris laetitia”: de una parte este documento en adelante pone una firme voluntad de continuar con las enseñanzas del pasado en lo que concierne al matrimonio y de otra parte dentro de un simple pie de página, pone como malo todo el edificio de la doctrina sacramental en relación con el matrimonio, la confesión y la Eucaristía.

La fórmula más citada en el transcurso de este pontificado: “¿Quién soy yo para juzgar? (Chi sono io per giudicare?)”, pronunciado por Francisco a finales de Julio del 2013 en el avión que lo transportaba de Brasil, concentrando toda la desgracia que ha caído sobre la Iglesia a través de este pontificado, en este punto único, a saber el acontecimiento dentro de la Iglesia por el hecho del Papa mismo, del reinado del relativismo sobre el plan doctrinal y pastoral.

Con todo el respeto que yo debo a la persona del Papa y su función pontifical, me parece constatar desgraciadamente que la imagen de la Iglesia católica es hoy la de una comunidad frágil y desgarrada. Muchos católicos a través del mundo se sienten ahora desraizados de su propia Iglesia, una Iglesia sacudida en sus cimientos. ¿A dónde nos llevará esto?

https://dominusestblog.wordpress.com/2017/10/05/cuando-el-desbordamiento-pontifical-inquieta/

¡ que arda tu corazón!

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