No se puede defender una cosa y la contraria.

9788471189295

 

Decía S. Juan Pablo II : “la fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

Este post me gustaría dedicarlo a tantos sacerdotes “buenos”, a tantos teólogos “buenos”, que por cobardía , respetos humanos o Dios juzgará sus razones, supongo que buenas, han querido reconciliar lo irracional, han querido enfrentar la fe de tantos sencillos laicos creyentes y han violentado uno de nuestros mas preciados tesoros, la fe y la razón.

También quiero dedicarlo y sobre todo a ellos agradecerles, a aquellos que han sido valientes y han avisado de las incongruencias y errores. Iré sacando varios enlaces sobre ellos a lo largo de estos días. Sin estos último me hubiera perdido en la tempestad.

¿Cuándo se darán cuenta los sacerdotes y los teólogos que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres?

¿ No se dan cuenta que un laico, no podrá confiar en un sacerdote que antepone , no sé qué , a la VERDAD?

Estos últimos años estamos viviendo nuestra crisis, llevo temporadas pensando que se nos quiere imponer una “Nueva Iglesia”, un “Nuevo Evangelio” y pienso: ¿ Nadie se está dando cuenta?¿ Dios mío , me estaré volviendo loca?

Les pongo un par de párrafos en los que como les he dicho, no se puede reconciliar lo irreconciliable.

Denuncia San Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis Splendor (VS)

56. Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.

Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios. Sólo la clarificación hecha anteriormente sobre la relación entre libertad y ley basada en la verdad hace posible el discernimiento sobre esta interpretación creativa de la conciencia.

Comparen ese párrafo con este texto que encontramos en Amoris Laetitia, punto 301:

Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante. Los límites no tienen que ver solamente con un eventual desconocimiento de la norma. Un sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad para comprender «los valores inherentes a la norma» o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa.

¡ Qué arda tu corazón!

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