¿Qué salió mal después del Concilio Vaticano II? ¿A nadie le interesa?

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Por Phil Lawler. CATHOLIC CULTURE.

Algo salió mal – realmente mal – en la Iglesia Católica en los años posteriores al Concilio Vaticano II. ¿Podemos estar todos de acuerdo en eso? Dejemos de lado, por ahora, el acostumbrado debate sobre las causas del problema; comencemos con estar de acuerdo que existe, o al menos ciertamente lo hubo, un problema.

Eric Sammons pone el punto sobre las íes en un ensayo provocador que apareció en CRISIS la semana pasada:

 

Si un científico social, totalmente objetivo, fuera a estudiar a la Iglesia Católica en la segunda mitad del siglo XX, se encontraría con un hecho mirándolo directamente a la cara: La Iglesia experimentó un declive precipitado en el mundo occidental durante ese tiempo.

 

El problema (cualquiera que este sea) se compone, señala Simmons, por un rechazo general a la toma de conciencia sobre la realidad de nuestras dificultades post conciliares: lo que él determina como “censura blanda” de noticias desagradables. Obispos y pastores, periódicos diocesanos y boletines parroquiales nos han bombardeado durante años con informes de que la Iglesia es “vibrante”, que los programas están en auge, que la liturgia es hermosa, que la educación religiosa es robusta. Nunca se ha escuchado una palabra desalentadora. Sin embargo lo sabemos bien. Sabemos de la escasez de sacerdotes; vemos noticias de parroquias que cierran; notamos las bancas vacías en las Iglesias los domingos. Algo está mal; lo sabemos.

Sammons sostiene de manera convincente que esta “censura blanda”, este enfoque de “no veas el mal”, es ahora un impedimento para la evangelización, porque frustra discusiones serias sobre el actual estado de la Iglesia. La evangelización significa traer a la gente a la verdad, reflexiona, y este proceso “no puede prosperar en un ambiente de censura”.

En otro excelente ensayo, que apareció una semana antes en First Things, el autor alemán, Martin Mosebach exploró la confusión y desorientación catastróficas que llegaron a la Iglesia en los años posteriores al Concilio Vaticano II, cuando la vida de parroquias comunes fue interrumpida por puntos de vista teológicos radicales y experimentos litúrgicos. Señala:

Para ser justos, debemos recordar que los papas intentaron contrarrestar esto – con una voz débil y sobre todo sin voluntad para intervenir en estas aberraciones con la mano organizadora del gobernante de la Iglesia. Sólo unos pocos heresiarcas fueron disciplinados – aquellos quienes con su insolencia arrogante prácticamente obligaron su propia reprimenda. Pero la gran masa de los “nuevos Pentecostales”, sin restricciones y protegida por redes extensas, pudieron seguir ejerciendo una influencia tremenda en el día a día de la vida de la Iglesia. Entonces, para quienes observan desde afuera, el reclamo de que con el Concilio Vaticano II la Iglesia rompió con su pasado se hizo aún más probable.

Tanto Sammons como Mosebach ven tres interpretaciones estándar del Vaticano II:

  • La interpretación “liberal” o “progresista” ve al Concilio como un rompimiento decisivo con la tradición Católica, y le da la bienvenida. Citando el “espíritu del Vaticano II”, los proponentes de esta interpretación han implementado cambios radicales en la Iglesia, un esfuerzo para más.
  • La interpretación “oficial” ve al Concilio Vaticano II como un gran éxito, y niega cualquier problema serio surgido de las secuelas del Concilio. Hubo una fricción entendible cuando se implementaros los cambios, los partidarios de esta teoría estarán de acuerdo. Pero en última instancia los cambios están probando tener éxito y todo está bien.
  • La interpretación “conservadora” u “ortodoxa” valora los documentos del Concilio Vaticano II, pero cree que la implementación del Concilio en general fue secuestrada por el partido “progresista” al interior de la Iglesia. Si solamente nos adhiriéramos a las verdaderas enseñanzas del Concilio, dice esta parte, la Iglesia prosperaría una vez más.

De acuerdo con la interpretación “conservadora” u “ortodoxa”, el secuestro del Concilio creó la impresión incorrecta de que la Iglesia había repudiado las enseñanzas anteriores. Mi exposición favorita de este punto de vista la hizo Philip Trower en su excelente libro: Turmoil and Truth (Confusión y Verdad), en el que forma una vívida imagen para explicar lo sucedido:

Seis hombres se encuentran empujando un automóvil cargado pesadamente y que se ha quedado sin combustible. Tres de ellos, quienes han estado conduciendo el automóvil, quieren empujarlo 20 metros para ponerlo a un costado de la carretera. Los otros tres, que se han ofrecido a ayudar, quieren empujarlo 50 metros sobre un acantilado seguido por el dueño del automóvil y sus dos amigos. Una vez que comienzan a empujar y el automóvil comienza a moverse, es probable que el automóvil se detenga a más de 20 metros del punto inicial incluso si no termina al pie del acantilado.

Ahora imaginemos lo que un grupo de personas observando desde una colina cercana interpretarán del incidente. Comenzarán por asumir que los seis hombres tienen las mismas intenciones. El automóvil se está moviendo de manera constante hacia adelante. Entonces ven a tres de los hombres alejarse de la parte posterior del automóvil, correr hacia el frente de éste y tratar de detenerlo. ¿Quiénes son los problemáticos? Seguramente aquellos que ahora se oponen al proceso que ha sido iniciado.

La interpretación “liberal” está equivocada evidentemente, porque ignora que tanto el contenido de la enseñanza del Concilio como la verdad de la historia católica. Así como el Papa Benedicto XVI sufrió explicando que, el trabajo del Concilio debe comprenderse en el contexto de la enseñanza constante de la Iglesia. Sólo una “hermenéutica de la continuidad” puede asegurar un entendimiento adecuado. El Concilio no fue un rompimiento con la enseñanza anterior de la Iglesia; la Iglesia, por su propia naturaleza, no puede romper con su propio pasado. Insinuar que la enseñanza anterior estaba equivocada, y que sólo ahora comprendemos las cosas correctamente, es negar que la Iglesia está y siempre ha sido guiada por el Espíritu Santo.

La interpretación “oficial” también está equivocada evidentemente, porque ignora la realidad de que – a pesar de la censura ejercida por los órganos de casa – vemos todo bastante claro alrededor de nosotros. La vida de la Iglesia Católica no es, tristemente, vigorosa. Las congregaciones se están contrayendo; los jóvenes están abandonando. Sí, hay historias de éxito; el Espíritu no ha abandonado la Iglesia. Pero la tendencia general, que viró tan abruptamente para abajo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, aún no es alentadora.

¿Pero qué hay de la interpretación “conservadora”? ¿Es convincente? ¿Puede reconciliarse con los hechos? Simmons y Mosebach sostienen que ha llegado el tiempo para una franca – esto es, sin censura – discusión sobre estas cuestiones.

Los problemas que surgieron a partir del Concilio Vaticano II, ¿llegaron solamente porque las enseñanzas del Concilio fueron ignoradas o aplicadas incorrectamente? ¿O las dificultades radican en los documentos mismos? ¿Hubo suficientes ambigüedades en la enseñanza del Concilio para crear confusión? Si es así, ¿las ambigüedades fueron intencionales – resultado de intereses comprometidos de los padres del Concilio?

Plantear que pudo haber dificultades con algunos documentos del Concilio Vaticano II no significa negar la autoridad de la enseñanza del Concilio. Nunca será perfecto ningún documento esbozado por manos humanas. Podría haber necesidad de clarificar, desentrañar, explicar, incluso corregir.

A favor del punto, mientras que ciertamente es verdad que el “espíritu del Concilio” que se menciona a menudo en apoyo a cambios radicales no puede reconciliarse con las verdaderas enseñanzas del Concilio, también es verdad que los proponentes del cambio pueden citar pasajes específicos de los documentos del Concilio en apoyo a sus planes. Por lo que estos pasajes están siendo malinterpretados. ¿Están sacados de contexto? ¿O hay elementos problemáticos de algún modo de la enseñanza del Concilio con los que ahora tenemos que lidiar honestamente? Una cosa es cierta: No resolveremos el problema fingiendo que éste no existe.

 

Phil Lawler

https://dominusestblog.wordpress.com/2017/09/26/quienes-son-los-alborotadores-dejemos-de-fingir-algo-salio-mal-a-partir-del-concilio-vaticano-ii/

 

 

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