La poesía acerca el alma a Dios

ernestina_de_champourcin

 

 

Queremos ofrecerles estos maravillosos comentarios de D. Santiago Arellano

ERNESTINA DE CHAMPOURCINE 14

LA PAREZ TRANSPARENTE

Continuamos con La pared transparente, obra cimera entre las suyas. La tercera sección lleva el significativo título que da nombre a la obra entera. Es el adjetivo el que nos anuncia a la Ernestina de la esperanza y de la transcendencia. En todos los poemas de esta tercera parte aparece nítida que su firmeza interior está arraigada en la Fe y por tanto en la Esperanza y en la Caridad.

Desde el primer poema entra en escena un aire luminoso y refrescante, consolador por su visión optimista hasta de la muerte, hasta este muro ineludible que termina por hacerse transparente. Toda esta sección es una joya de poesía y de alta humanidad. Once poemas dignos de figurar en la mejor antología religiosa.

El primer poema salta al ruedo con un brío y una audacia encomiable: “Yo sí que lo sé y lo sienten mis huesos y mi médula pobre reseca de esperanzas y mis pies anhelantes por correr al fin libres.”  ¿Pero qué sabe Ernestina con tanta convicción? No alardea de certezas irrebatibles desde el raciocinio contundente. Su certeza se apoya en que “El amor es saber, aunque nada se sienta”, aunque lo que nos quede del vivir sea un “bello cacto espinoso, sin color ni perfume”, aunque se nos vayan  desmoronando “lentamente, una a una las cosas que nos dieron la razón de la vida”.  Si todo es desvanecerse y todo acabamiento, ¿de dónde saca Ernestina la fuerza de su entusiasmo? ¿De dónde? De la paradójica evidencia de que en medio de todo surge un “impenetrable, inasible, sin sombras, porque es verdadero”. Es el anonadamiento de la noche oscura- de nuevo San Juan de la Cruz-  “sin otra luz y guía que la que en el corazón ardía” la certeza – quien  yo bien me sabía- de que “eso” no es dudoso, “porque es verdadero”.

Y así uno tras otro, porque hasta en el ciprés no plantado –poema segundo-, la mera idea del ciprés “basta para decirlo todo”, aunque nunca llegue a arraigar en el suelo ni nunca su punta vaya a dormir en el cielo. Ella probó un día el agua que salta hasta la vida eterna, sabe de La Voz, la única Voz que traspasa la sangre y florece los huesos –poema tercero- y sabe que ha de vivir auscultando las noches porque el agua que existe “volverá” para colmar mis ojos sedientos “Fuencaliente y fuentefría”.

Todos los poemas tienen una hondura de fontanar refrescante. Porque en medio del silencio “huele a eternidad”, aunque la mañana se haya hecho noche, hay una “dura peña sin nombre que me aúpa y sostiene”. “Ver otra vez. Mirar hacia lo eterno, lo que ya habíamos visto a través de una niebla” ¿Pero cuándo? Cuando miramos la vida misma: “El viejo en las esquinas, los niños en el parque, la mujer en el puente contemplando el vacío” “Mirar profundidades cuajadas en lo eterno” Esta es la cuestión, esta es la actitud. “Invencible al reclamo de todo lo que pasa por encima de todo ¡qué ladera de amor avanza a lo absoluto!”

El penúltimo poema evoca la conocida rima de Bécquer “Volverán las oscuras golondrinas”, pero, para Ernestina, “el surtidor de alegrías en un valle sombrío, deshabitado, húmedo” son las palabras; pero no todas “sino aquellas susceptibles de amor, de gracia, de milagro” Las palabras verdaderas son “golondrinas en vuelo” que han llegado  a nosotros “conmigo, con vosotros y dicen lo que esconden” “un mundo nuevo que ya puebla la tierra”

Selecciono el último poema de esta sección cuyo primer verso nada menos que afirma que “Todo es transparencia”. Se ampara en una cita de San Agustín : “Tarde te conocí, hermosura antigua…”. Es el colofón que cierra con entusiasmo el poemario. Sí con entusiasmo en la acepción etimológica originaria que no es otra que “en zeus siasmarse” exultar de plenitud interior por estar lleno de la divinidad. Este poema sí que es cántico y no inútil, cántico espiritual pero también con resonancias del Cántico de Jorge Guillén: Dije todo completo, las doce en el reloj. Todo es transparencia. ¿Pero qué transparenta ese todo? Todo está transparentando a Dios. Dios está refulgiendo en todo, en la creación y en la historia de los hombres. Cuando esta es la evidencia,  nadie puede poner reparos a la visión oscura. ¿Qué importan las aparentes contradicciones o las nebulosas que intentan zozobrar nuestras certezas? Todo es transparencia: los siglos resplandecen, la inmensidad es la medida del  mundo y del  universo. Todo es perfecto y puro y por ser reflejo de Dios ni puede ser menos ni puede ser otra cosa. Cántico,  cántico, cántico, ante tanta grandeza.

Ante esta transparencia ¿podremos tozudamente cerrarnos, tropezar o vacilar en la senda emprendida? En el camino hacia Dios la senda estrecha se ha ido abriendo y no hacia el futuro -Ojo que el que sigue a Dios no se desentiende del mundo-  sino a un hoy refulgente, presagio de eternidad “verdad nueva y colmada”. ¡Oh paradojas! Cada instante es llegada y sin embargo inicio del camino. Es así y quien lo probó lo sabe.

Confesión personal. Aquí está San Agustín. Aquí está la historia de Ernestina: “Tarde lo supe, sí y viniste temprano” He aquí la experiencia mística que cambió el curso de la vida. ¿Pero qué importa el cuándo, si has encontrado el cómo? La hermosura de Dios es un círculo que nos acorrala, que se abre y se cierra en nuestro entorno. Lo que importa es el encuentro con esta hermosura tan antigua y siempre nueva. Lo que importa es amar, por saber que “Él Es lo que ya Es por ahora y por siempre”. Sí, sí, sí: Transparencia total. Es justo y necesario siempre y en todo lugar cantar con cántico exultante su presencia. Gloria a Dios por siempre jamás.

Todo es transparencia

No hay nadie que se oponga

A la visión oscura.

Resplandor de los siglos,

Todo es inmensidad,

Lo perfecto y lo puro,

Que no puede ser menos

Ni ninguna otra cosa.

 

Aquí no hay cerrazón

Ni tropiezos: la senda

Se ha ido abriendo

A lo que no es futuro,

Sino hoy refulgente,

Verdad nueva y colmada,

Trayecto que ha llegado

Y sin embargo empieza.

 

Tarde lo supe, sí,

Y viniste temprano,

Pero el círculo abre

Y cierra su hermosura

Y Es lo que ya Es

Por ahora y por siempre.

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