Gabriel Ariza nos habla de su último encuentro con el Cardenal Caffarra

Así vivió (y sufrió) sus últimos meses el Cardenal Caffarra

Así vivió (y sufrió) sus últimos meses el Cardenal Caffarra

 

Hace pocos meses tuve la oportunidad de visitar al Cardenal Carlo Caffarra en su apartamento de Bolonia. Ya había publicado los dubia y muchos francotiradores le identificaban ya como “enemigo del Papa”, algo que, según confesó él mismo, le hacía sufrir infinitamente.

Debo decir que me conmovió profundamente la sencillez con la que vivía el Cardenal. Caffarra ocupaba un pequeño apartamento en uno de los edificios del seminario de Bolonia. Un apartamento que necesitaba una buena reforma, con las paredes repletas de agujeros y cables colgantes, y un sistema de calefacción más que deficiente. En Bolonia, una ciudad fría, Caffarra pasaba sus horas rodeado de libros, cartas y papeles, y no dejaba de responder a una sola de las cartas o emails que recibía de todas partes del mundo. Recuerdo de aquel día, por ejemplo, que tenía que impartir una conferencia en Argentina por videoconferencia, y me pidió que le ayudara a instalar el sistema en el ordenador. Aproveché para recomendarle que se instalara el Whatsapp, así pude comunicarme con él desde entonces.

Tuve ocasión de hablar con él sobre los orígenes del Instituto Juan Pablo II, que iba a inaugurar el 13 de mayo de 1981 cuando el Papa casi muere asesinado por Alí Agka, , y de la carta que recibió de Sor Lucía de Fátima, la situación de la Iglesia, la crisis generada por la confusión en Amoris Laetitia y la publicación de los dubia.

Una de las cosas que más le inquietaban era la concepción que algunos tienen del Papado. Recuerdo que detalló dos síntomas: El primero, cuando Pío XII quiso cambiar la disciplina del ayuno eucarístico, pidió a una comisión teológica no que estudiaran el cambio, sino que le dijeran si él tenía legitimidad para realizar esa modificación. Tal era la sensación que tenía el papa Pacelli sobre su pequeñez en el papel de Sumo Pontífice. El otro de los síntomas era el juramento que hacen los cardenales. Decía Caffarra que hasta Pablo VI, los cardenales juraban decir siempre la verdad, “y no aquello que el Papa quiere oír”. Tras la reforma de Montini, los cardenales juran defender al Papa con su sangre. Sobre este aspecto, precisamente, me recomendó leer a un gran intelectual: Josef Seifert.

Le dije que había oído que estaba siendo vigilado, que sus comunicaciones estaban intervenidas. Me dijo que lo sabía, que los cuatro cardenales que habían hecho públicas las dubia estaban siendo observados, que tenían las comunicaciones intervenidas y que poco podían hacer, más que buscar alguna forma de comunicación más segura.

Les invitamos a leer el texto íntegro de la publicación original.
¡ qué arda tu corazón!

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