Pidamos reclinatorios en nuestras parroquias.

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Un lector de nuestro blog, nos cuenta que en su parroquia de Pamplona han puesto reclinatorios para comulgar. Varios feligreses se pusieron de acuerdo y se los pidieron al párroco.

Allí donde han desaparecido la genuflexión y el arrodillarse, deben ser restaurados, en particular al recibir al Señor en la Santa Comunión”. Cardenal Sarah.

A través de la adoración es como la humanidad camina hacia el amor, hacia Dios.

La adoración es un acto de humildad, que nos postra ante Dios . De la mano de San Antonio de Padua nos llega esta maravillosa y simpática anécdota, de este extraordinario santo del siglo XIII.

 

Corría el año de 1227 cuando San Antonio de Padua fue desafiado por un hereje:

 – ¿Por qué no hacemos una apuesta? Tendré encerrada por tres días una de mis bestias y le haré sentir el tormento del hambre. Luego de tres días, la traeré aquí, delante del público y le enseñaré su comida. Tú estarás al frente con aquello que tú consideras el Cuerpo de Cristo. Si la bestia, despreciando el forraje, se apresura a adorar a tu Dios, yo me convertiré a la fe de tu Iglesia.

 San Antonio aceptó el reto y el día acordado salió a la calle con el Santísimo en la Custodia y, dirigiéndose a la mula, le dijo:

 – En virtud y en el nombre de tu Creador, que yo siendo indigno, lo tengo en mis manos, te digo y te ordeno: avanza con prontitud y rinde honores al Señor con el debido respeto, para que así los malvados y los herejes comprendan que todas las creaturas deben humillarse delante de su Creador, a quien los sacerdotes tienen en sus manos en el altar”.

Inmediatamente, el animal, rechazando el alimento del patrón, se acercó dócilmente hacia el religioso, dobló las patas delanteras ante la Hostia y permaneció así, reverentemente. Y el hereje se convirtió.

También un santo de lo ordinario, San José Maria Escribá de Balaguer, transmitía toda una teología del borriquillo.

Mira qué humilde es nuestro Jesús: ¡un borrico fue su trono en Jerusalén. Camino, 606

Dejemos que los santos de todos los tiempos nos contagien su amor a la Eucaristía, leamos sus vidas y no permitamos que los cantos de sirena de la modernidad con sus novedosas herejías nos hagan renunciar a lo más sagrado.

¡ Que arda tu corazón!

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